lunes, 21 de mayo de 2012

Voy pensando... Y observando...

¿Cuántas veces, un día cualquiera, nos hemos ido a la cama y nos hemos puesto a pensar? ¿Cuántas? Pensamientos, que muchas veces, no tienen nada que ver con el inicio. Pensamientos que se van encadenando uno tras otro de una manera que de forma consciente no sería posible. A veces, recordamos instantes, otras reflexionamos, o incluso imaginamos otras situaciones paralelas a las reales. Pero al fin y al cabo son nuestros pensamientos. Habrá algunos que podamos contar y otros, que por la vergüenza o la desconfianza hacia los demás, se quedarán para uno mismo.

Hace tiempo que me prometí a mí misma que no volvería a pensar, pero es imposible, no se puede parar esa máquina que controla nuestros sentimientos y nuestra conciencia. No se pueden parar los momentos o a las personas que han participado en alguna parte de nuestra vida. Es curioso, todo va avanzando, todo va encaminándose y sobre todo, esos caminos que tomamos son consecuencia de uno mismo. Todos hemos cometido errores y hemos disfrutado o sufrido por tales equivocaciones. Del mismo modo, que otras personas también lo han hecho conmigo.

La vida va pasando y no se detiene para nadie. Puede haber momentos en los que lloremos, suframos o quizá, riamos pero ese instante sólo se queda para uno mismo porque el resto de las personas ya tienen sus propios instantes y su vida. Es decir, todo va cambiando a medida que uno va cumpliendo años. Ya nada es lo que era y ya no queda nadie de los que estaban. Ni siquiera yo.

Hablamos de personas que nos acompañan en el camino, hablamos de personas que pueden tener un lugar especial y sobre todo, hablamos de la experiencia. Decían que la experiencia era un grado y lo solían decir en cuestiones laborales pero también en la propia vida. La inocencia va desapareciendo, la ilusión en las personas también y sobre todo, voy experimentando algo que yo creí que jamás, podría pasarme y es perder parte de mi sensibilidad.
Día tras día, voy viendo que me hago más dura por las situaciones que me rodean, ya sean a nivel de salud, físico, emotivo o de comportamiento. Voy siendo consciente de la crueldad y de las artimañas que muchas personas utilizan para conseguir sus objetivos. Yo sería incapaz, yo no puedo. Quizá, en algún momento lo he hecho pero sin repetirlo en el tiempo.

De esta manera, voy observando, voy viendo y antes quizá, hacía sonar mi palabra para que me escucharan, pero ya no merece la pena. He cambiado, ni siquiera he madurado porque esa no es la palabra correcta. Pero cada momento, cada dolor y cada situación hacen que uno mismo se replantee qué ocurre y mostrar sensibilidad en esta época, en esta ciudad y estos momentos, no valen de nada, de absolutamente nada.

Cada momento que pasa, voy fundiendo un caparazón o un escudo de metal que me hacen más fuerte antes las críticas de los demás. Ante las puyas y las palabras envenenadas de un entorno que por más que intento alejarme, no me deja.  Esas redes sociales que nos conectan a todos, esas páginas de Internet en las que aparecemos de forma constante. Antes, no sabíamos nada unos de otros y ahora, hasta nuestro peor enemigo sabe que nos pasa o nos deja de pasar. También es cierto, que yo misma voy contando parte de mi vida en este blog, pero sólo una mínima parte.
Me pueden criticar, cosa que ocurrirá, me pueden no entender, que también es razonable, pero no me pueden decir que no soy sincera en mis pensamientos, los cuales no tiene por qué coincidir con el resto puesto que mis experiencias diferirán a las de otros y mi vida, nada tendrá que ver con las otras.

Hay muchas veces que me siento insegura, con falta de confianza y con miedo ante lo que puede pasar en el futuro, cierto es, pero no siento eso de forma constante sino que es algo circunstancial, aleatorio. Te pones a pensar y es cuando ciertas cosas se vienen a la cabeza. A veces estoy triste, otras feliz y otras, simplemente, equilibrada, pero sólo dejo que muy pocas personas conozcan esa sensibilidad que de cara al exterior voy ocultando.

Tengo ganas de que llegue el verano, tengo ganas de huir de aquí, de irme a otro lado, en definitiva de escapar al pueblo y de recuperarme allí en un ambiente de tranquilidad y de descanso.
Necesito aire puro y sobre todo, volver a sentir la vitalidad que desde hace algunos meses, ha desaparecido de mi cuerpo. Y por eso, la venida del calor, del sudor y de esos días en los que anochece tan tarde, tienen para mí más importancia que la del simple verano, que es la de trasladarme a un lugar alejado del ruido, de la masa y sobre todo, de las preocupaciones que aquí, en la ciudad, están presentes de forma constante.  
Allí también pensaré, cierto es, pero en un ambiente más natural.



domingo, 6 de mayo de 2012

Lo que dejamos atrás.

Es inevitable, a veces, ponerse a pensar sobre la trayectoria de la vida. Es imposible no sentir, en  ocasiones, ciertos vacíos o carencias que en otras etapas estaban cubiertas. Es raro no arrepentirse de ciertas actitudes que en su día eran lo correcto.
A medida que vamos evolucionando, nos vamos dando cuenta de todo lo que dejamos atrás. Somos conscientes de que la vida es un cúmulo de páginas que uno mismo va escribiendo, unas páginas que como las de un libro, vamos avanzando para seguir leyendo cómo sigue la historia, en este caso, la propia historia.
Muchas veces me he preguntado qué hubiera pasado si hubiera optado por escoger otro camino. Muchas veces he reflexionado sobre lo que tengo y lo que me falta o he perdido. Otras tantas, he visto la claridad cuando he tomado la decisión, a veces, errónea y otras, correcta. Pero sea como sea, siempre para mí, acertada porque era lo que yo consideraba oportuno.

Es curioso como a pesar de ser la misma persona siempre, en mí se van produciendo cambios, no sé si a nivel mental o quizá, sentimental, pero sí que es cierto, que poco queda ya de aquella niña adolescente que sólo pensaba en salir y divertirse, poco queda ya de aquella chica que acababa de terminar la carrera y creía que iba a comerse el mundo y nada queda ya de la ilusión de encontrar a personas humildes y con valores firmes.
La vida me ha ido enseñando que no necesito muchas cosas que hasta ahora, he tenido y siendo consciente de ello, voy viendo que a veces, nos vamos creando necesidades que no son reales. Mi estilo de vida ha cambiado y mis comportamientos también. Mis pensamientos están más formados, más pulidos y sobre todo, más claros.

Hace poco que he cumplido 28 años y para muchas personas, sigo siendo la misma chica por no haber cambiado demasiado físicamente en los últimos años, pero por dentro todo ha ido avanzando.
En estos últimos años, he podido conocer de todo… He podido sentir el abrazo más sincero de quienes me querían, he visto llorar a personas por absurdeces materiales, he entendido la diferencia entre la amistad sincera al amor no correspondido, he descubierto la mentira más horrible a mi alrededor, he aguantado situaciones por falta de decisión, he recuperado mis valores y mi confianza, he sentido la decepción por ser una herramienta para otras personas, he luchado por hacerme un hueco en algún lugar o en algún corazón y sobre todo, he creído en mí misma y me he dado cuenta de que lo primero y más importante es eso.

Me da mucha pena ver que el hobby más entretenido de las personas de hoy en día, es el saber, pero no culturalmente sino el saber de los demás. No entiendo qué puede tener de atractivo el criticar a los demás o meterse en la vida de alguien. No logro ver la satisfacción que puede producir el hablar mal de alguien y no sólo eso, sino tergiversar muchas de las situaciones reales. No lo entiendo.
Muchas veces dicen, que es bueno que hablen de uno mismo, sí, pero la realidad es que de una manera o de otra, siempre he creído y con el tiempo, he confirmado, que cuando tú estás en un grupo de personas que no paran de criticar a alguien, cuando tú te vayas, te sacarán los ojos de igual modo. Poco a poco, he ido dejando atrás muchas de las cosas que formaban parte de mí. No es que me hayan hecho daño, no, sino que llega un momento en esta vida en el que te cansas de algo, llega un momento en el que explotas o que necesitas un respiro. Es un día en el que todo cambia. Es una transformación.

No me enriquece para nada el salir por la noche con esta edad porque ya no queda nada ahí que me llene, no quiero conocer a “hombres lapa” o en su defecto “hombres en busca de sexo” porque esa es la palabra.
Me da pena, comprobar como hay hombres que necesitan de Internet para ligar o contactar con chicas. No me gusta ya trasnochar y tan siquiera eso de estar por ahí todo el día. Me interesa más, ahora, el conocer a una persona auténtica y de verdad.
Me interesan las personas con las que poder charlas, reír y pasar un buen rato. Sin querer, no es que me sienta mayor pero sí que me decepciona muchísimo el comprobar como queda tan poca gente que hable con el corazón. Y digo “tan poca gente” porque conozco a gente que sí lo hace, quizá sean una o dos personas, pero existen y me siento afortunada por tenerlas cerca, muy afortunada.

Quizá, mi forma de comportarme ahora, tenga algo que ver con lo que llevo arrastrando desde comienzos de Enero y algunas otras complicaciones a nivel de salud. Hasta hace poco, no entendía el valor de una salud sana. Nos damos cuenta de lo que nos falta cuando lo perdemos. Y en este caso es cierto. Quiero y deseo recuperarme de algunos síntomas que me entorpecen físicamente y sobre todo, anímicamente.
Es más, muchas noches, casi todas, rezo y no sólo pido por mí, sino por familiares que están enfermos y que deseo que no les pase nada. No sé si alguien ahí arriba me escucha pero yo soy cristiana y no me avergüenzo de serlo y creo en ese ser que me ayuda y que hace seguir para adelante en muchas ocasiones de mi vida.

Por eso, aunque las cosas salgan mal o aunque haya épocas peores, nunca hay que olvidar que la sonrisa es una necesidad que no es irreal. Cuesta sonreír cuando no se tienen fuerzas, pero hace cosa de un mes tras una endodoncia intenté sonreír  con todas mis fuerzas y no podía… No podía porque tenía una parálisis facial, temporal pero fue desolador  para mí, fue horrible el mandar la orden a mi rostro y no poder ejecutarla, por eso y a partir de ese día, entendí el significado que tiene una sonrisa.
Forzada o no, pero a fin de cuentas, una sonrisa.



lunes, 9 de abril de 2012

Con el paso de los años me estoy haciendo más cruel...

Quizá sí. Quizá no. Quizá podamos cambiar a lo largo del tiempo. Los años y el entorno son los que nos hacen madurar. Son los elementos que a todos nos influyen y que sin ser conscientes, vamos dejando atrás un sinfín de experiencias, muchas de ellas irrepetibles con personas que han sido nuestro mundo en áquel entonces, otras que nos han marcado de una manera que siempre nos acordaremos, algunas que desearemos no recordar nunca y de las que no hablaremos a no ser que no saquen dicha conversación. Somos seres humanos, que tenemos fondo, pero la diferencia está en que no todos tenemos el mismo.

Poco a poco, te vas haciendo mayor y vas entendiendo muchas cosas que antes no te parabas a pensar, me preocupo por temas que hace años hubieran sido absurdos para mí. Voy cambiando, voy evolucionando y lo peor de todo, que voy dejando parte de mí a todas y cada una de las personas que me han acompañado en mi camino. A causa de eso, voy perdiendo pedacitos de mí. Con el paso del tiempo, todo consiste en fingir, todo consiste en demostrar que eres más fuerte que los demás y no dejar ni un ápice de emocionalidad que delate la sensibilidad que cada uno de nosotros tenemos dentro.

Amor… Amistad… Fidelidad… Qué es eso? Lo experimenté cuando era joven, cuando todavía tenía ilusiones pero no sabía la realidad de la vida. Amigos de verdad, amigos que dan lo que sea por ti y que se preocupan quedan muy pocos… Pero que muy pocos… Puedo contarlos con los dedos de una mano.

Por desgracia estamos demasiado acostumbrados a llamar amigos a personas que por causas laborales tenemos al lado, tenemos la tendencia de llamar amigos a personas con las que de vez en cuando salimos por ahí a tomar algo. Yo hablo de amigos con los que lloras, con los que confiesas tus secretos más íntimos o con los que simplemente, te tienden un brazo sin esperar nada a cambio. Repito son pocos porque todos estamos demasiado preocupados porque nos escuchen y no estamos preparados para escuchar y para ayudar. Por eso digo, que los de verdad, puedo contarlos con los dedos de una mano.

Y resulta curioso, como incluso personas que en su día llamaste amigos, ahora no lo son y pueden utillizar todo aquello que en su día les confesaste. Nada es para siempre… Nada. Y hasta a veces, me da miedo el poder contar con una persona especial para mí y que esa persona, con el tiempo utilice mi información. Me da miedo y por eso, creo que me voy encerrando en mí misma y voy contando menos de lo que me ocurre o de las cosas que se me pasan por la cabeza. Me voy volviendo más desconfiada, más fría y sobre todo, más despegada.

Y sobre el amor, estoy demasiado cansada de dar parte de mí y no recibir lo que quiero. Estoy cansada de que cuando algo se acaba siempre se hechen en cara “actitudes” que por estar con alguien se han hecho. Creo que la mayor equivocación que tenemos todos, es no entender que el amor no es ceder, sino compartir. Que no consiste en “yo hago esto para que tú hagas esto otro”. No creo en príncipes azules, no creo que existan pero sí que creo que hay alguien que puede estar esperándome y que quizá, yo a él también. Lo que quiero es estar sola, quiero evadirme de esa sensación que produce preocupación, interés, ayuda, comprensión y sobre todo cercanía. No quiero eso porque deseo estar sola de nuevo y quiero poder algún día, tener a alguien que forme parte de mí y en el que apoyarme cuando lo necesito. Pero alguien que comparta mis ideas y que pueda esforzarse en ser realista con lo que se necesita y con lo que se quiere. No tengo intención de contar nada sobre mis experiencias pasadas, puesto que quienes estuvieron ahí, ya las conocen, pero sí que es cierto que todo en esta vida pasa factura, todo y que a medida que una se vuelve más madura, va exigiendo tal madurez a su lado.

Por eso, pienso que yo soy lo que soy gracias a las personas que por mí lado han pasado. Personas excelentes, personas mediocres, buenas e incluso, tremendamente malas, pero todas ellas han formado parte de mí y si esas personas no hubieran estado ahí, otras hubieran pasado igualmente. No sé, quizá escriba aquí porque es el único lugar donde puedo expresar realmente lo que siento, porque no sé quién puede leerlo o no, y al no saberlo, me da seguridad porque como bien dicen “la ignorancia da la felicidad”.

Todo sigue cambiando y es difícil mantenerse fuerte en un mundo donde lo que más importa no es el ayudar a las personas sino avanzar y subir peldaños de cara a los demás. Tengo que aprender, tengo que saber que nada es como yo creía y que lo más importante, es contar conmigo misma y que, independientemente tenga o no a amigos a mi lado, tengo que ser consciente de que ir haciéndose mayor supone ir dejando atrás muchas esperanzas que ya nada tienen que ver con la realidad.

Tengo que aprender a estar, en definitiva, sola porque según qué personas, espero más de lo que me pueden dar y la realidad del día a día, es que cada uno vive acorde a la vida que decide llevar y que tiene preocupaciones que modelan su vida y que por tanto, cada uno debe lidiar con la vida de la manera y con las herramientas que tiene a su alcance y una de ellas, es no esperar nada de nadie porque personas que nos rodean hay muchas, pero con las que puedas hablar y con las que abras tu corazón y te escuchen, quedan muy pocas porque lo que más importa hoy es avanzar en el sentido material y no emocional. Esa es la pena. Lo que hoy impera es “tanto tienes tanto vales” y no el “así eres, así vales”. Pero no me queda más remedio que aceptarlo puesto que aunque yo no quiera eso, es mi sociedad la que me obliga a ingerirlo. Yo quiero corazones con látidos de sensibilidad y no con la superficialidad a la que, si querer, me empiezo a acostumbrar.



martes, 27 de marzo de 2012

Hablar puede aliviar los sentimientos del alma

Los sentimientos...Esos que nos hacen actuar acorde a lo que creemos que es lo debemos hacer según las circunstancias. Nadie, absolutamente, nadie nos ha enseñado a controlarlos, nadie nos ha dicho que actuar de una manera u otra, no va a tener consecuencias. Todo lo que hagamos en esta vida tendrá repercusiones.
No podemos contentar a todas las personas, no podemos llevarnos bien con todo el mundo y menos aún, en según qué ocasiones, no podemos ser conscientes de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor.
No quiero hablar del día de ayer, quiero hablar de cómo me siento hoy, de cómo me encuentro. Quiero hablar de la parte emocional que cada uno de nosotros llevamos dentro. Nadie es perfecto, nadie, yo tampoco lo soy pero mis decisiones son la que marcarán mi vida, mis decisiones son las que harán que mi presente siga por el camino que yo quiero que lo haga.

Soy lo que soy gracias a un entramado de personas que han conformado mi vida y mi entorno. Personas que están ahí a día de hoy, otras que he perdido por el camino y otras que creí haber perdido pero me han demostrado que no, que siguen ahí viéndome a lo lejos y dándome palabras de ánimo cuando saben que lo necesito. Personas, con las que me he llevado bien y con las que guardo grandes recuerdos, personas con las que he acabado mal y otras, que por decisión propia o se han ido de mi camino o yo me he ido del suyo. Personas como yo, con sentimientos, al fin y al cabo.

No me da vergüenza decir que hoy me siento mal, que hoy empieza un nuevo camino en mi vida, queriendo olvidar algunos sucesos de mi vida, la mía. Una vida que yo guío en función de mis valores y creencias. Una vida con equivocaciones, por supuesto, una vida en la que cabe el dolor, el arrepentimiento y el daño. Pero también una vida en la que hay cabida para ilusiones, esperanzas y sobre todo, futuro.
Muchas veces, intentamos aparentar fortaleza para que los demás no nos puedan ver débiles. Pero eso es lo grandioso de las personas, que podemos sentir, que podemos llorar, que podemos rabiar... En definitiva, que podemos exteriorizar de diversas maneras la rabia o el dolor que llevamos dentro. La tristeza no es mala, sólo es un sentimiento más que hay que saber controlar pero que con el tiempo, pasará y todo volverá a la normalidad.

Hace tiempo que escribo aquí, hace tiempo que comparto algunas de las cosas que me suceden con todas las personas que quieren leerme. Hace tiempo que expreso cómo me siento o las ilusiones o decepciones que tengo a lo largo de mi vida. Soy humana y por eso, todo lo que digo aquí es producto de mi vida y su proyección en mí.

Nadie me avisó que crecer fuera tan complicado y que pasaría por tantas experiencias que me parten el alma y que aún sé que me quedan muchas por llegar, pero a base de decepciones una se va volviendo más fuerte. Sé que todos nos hemos sentido, en alguna ocasión, débiles, que pueden con nosotros, que nos machacan por vivir acorde a unos ideales, pero aún así, yo seguiré mi camino, yo lucharé por lo que me han enseñado y siempre, tendré un objetivo en esta vida, que no es otro más que ser feliz el máximo tiempo que pueda.

Estoy orgullosa de mi vida, de mi trayectoria educativa, la cual me ha servido para entender primero a la sociedad y luego a las personas en sí mismas. Estoy orgullosa de tener a unos padres que han luchado por mí y que a día de hoy lo siguen haciendo a pesar de que otros, consideran que soy ya mayor. Estoy orgullosa de creer en alguien que me guía desde arriba y me da apoyo cuando me siento perdida. Estoy orgullosa de mis primos y tíos porque siempre tienen una palabra de ánimo cuando la necesito. Estoy orgullosa de llorar cuando me hacen daño, de sonreir cuando lo siento y sobre todo de valorar cada pequeño gesto que la vida me pone por delante.

Pero también tengo defectos y no me siento orgullosa de perder los nervios cuando todo me desespera, no me siento orgullosa de darle importancia a cosas que no la tienen, no me siento orgullosa de decir barbaridades cuando alguien me ataca en caliente, no me siento orgullosa de haber dado oportunidades a personas que yo creí que debía dárselas, no me siento orgullosa de mi cabezonería y sobre todo, no me siento orgullosa de dejarme llevar por los sentimientos.

Quizá nadie me entienda, quizá habrá gente que me critique, quizá habrá otros que me ayuden o que me pongan la zancadilla pero todo en esta vida nos sirve para crecer, para ser más fuertes y para saber lo que no queremos en esta vida.
A medida que va pasando el tiempo, voy viendo como la vida te va poniendo obstáculos y de cada uno depende el saber por dónde caminar. Todos tenemos la opción de poder elegir a las personas que queremos tener a nuestro lado y tenemos la grandeza de sentir, de tener un corazón que duele cuando le hacen daño y que late de alegría cuando está feliz.
Y sólo es cuestión de tiempo, que el mío comience a latir de nuevo por una ilusión que es encontrar la felicidad en cada momento de esta vida. Felicidad que siento cuando voy al pueblo y doy un paseo con mi padre hasta el Martinete o el Chorro, cuando leo un libro de Punset, cuando mi madre me apoya al verme mal, cuando saboreo un plato que me gusta, cuando veo una serie de Hercules Poirot, cuando escucho una canción de Alejandro Sanz... en definitiva, cuando vivo la vida como la quiero vivir.


martes, 31 de enero de 2012

No quiero... No quiero...

Cuántas veces hemos deseado que nuestra vida hubiera sido de otra manera… Cuántas veces hemos pensado en  nuestro futuro… Cuántas veces hemos querido que las cosas fueran de otro modo… Creemos tener el control de nuestra vida pero, en realidad, es la propia vida la que nos controla a nosotros mismos. Son los demás y el entorno los que nos hacen ser como ahora mismo somos o quizá, seremos.
Aún recuerdo cuando era pequeña y me preguntaban “qué quieres ser de mayor” y yo contestaba “periodista”, después pensé en “escritora” y por último, en “psicologa”. Que ilusa era por áquel momento… La respuesta adecuada hubiera sido “lo que el mercado laboral me deje ser”. Eso es lo que tenía que haber dicho. Tantos y tantos años de estudios universitarios… Un legado importantísimo que mis padres me han dejado de herencia en vida en la que ha participado incluso mi propia madrina.

Yo, como cualquier otra persona tiene ilusiones, ambiciones y sobre todo expectativas pero tras el pasar de los días, parece que esos pensamientos se van difuminando en el tiempo.  Nos creemos fuertes y somos capaces de decir “yo puedo” pero en realidad, todo se va juntando. Miras a tu alrededor y las cosas cada vez están peor y llega un momento en el que te pones a pensar y dices “qué es lo que me espera?” “va a ser siempre así?”. Azafata, repartidora, dependienta… Nada de lo que yo pensaba cuando era pequeña se está haciendo realidad… Nada… Y lo peor de todo, es que los días pasan y te levantas con esa extraña sensación de resignación con la situación actual. No es que me sienta desanimada pero sí que me cuesta mucho creer en mí misma, me cuesta levantarme cada mañana con un optimismo que ya he perdido por el camino. Quizá sea mi sentimiento actual, quizá las cosas puedan ir peor o no sé… quizá mejor, pero lo que sí tengo claro es que nada cambia. Todo sigue igual.

A causa de este panorama laboral veo a personas completamente desquiciadas perdiendo lo poco que tienen, veo a personas muy cercanas que son familiares que son capaces de sacar toda la rabia y furia interna por el dinero, observo actitudes anormales de vecinos que no razonan. Miro, observo y decido resignarme a no acabar de tal modo, es decir, desquiciada con mi propia vida.
Todo este panorama está derivando en la creación de personas más independientes, más egoístas y sobre todo más rencorosas… Dónde están los valores? Dónde quedaron las buenas formas? Y sobre todo… dónde está el respeto por los seres humanos? Todos, absolutamente todos somos personas y en vez de ayudarnos a destruirnos debemos apoyarnos. Son pocas las personas que de verdad están ahí  y que te repiten día tras día que habrá un mañana. Sé que yo tengo a esas personas que me ayudan y apoyan, que me brindan sus palabras día tras día pero aún así no puedo evitar sentirme así.

Me queda muy poco para resignarme a ser una NINI. Ni estudio porque ya llevo tras de mí dos titulaciones universitarias, cosa que ya considero que sea más que suficiente y pronto estoy de darme un descanso en esta búsqueda desesperante que cada día se hace más difícil y que me va mermando por dentro. Quizá sólo me espere ser una entregada ama de casa que se dedique a criar a sus hijos… Pero aunque muchas mujeres deseen eso, yo no quiero acabar así… No quiero… Y por eso, cada día me cuesta más pensar que algo mejor puede haber mañana.  


jueves, 23 de junio de 2011

Extraña sensación

Nunca somos conscientes de lo que tenemos hasta que lo perdemos o que en su defecto, estamos a punto de perderlo. Esta es una de las frases más repetidas en la vida de muchas personas y que según las ocasiones de la vida, puede ser que sea cierto, pero en otras, no.
¿Qué ocurre cuándo eso que perdemos no lo queremos y lo hemos apartado de nuestra vida sabiendo las consecuencias que podría acarrear tanto para nosotros como para nuestros allegados? La vida es como una noria, un día estás arriba y otro, te has caído. Pero siempre hay alguien que te ayuda a volver a subir, siempre hay nuevas personas que están dispuestas a darte un empujoncito.  
La vida de cada uno de nosotros tiene que ser guiada por nuestras propias metas. Hay que estar seguro de lo que cada uno quiere porque cuando de verdad uno quiere algo, lucha por ello, pero es cierto, como en ciertas ocasiones los humanos, y  yo misma, perdemos el interés por completo en determinadas personas de nuestro entorno. Y es sorprendente, aún más, como personas del género masculino que han formado parte de mi vida durante algunos meses, no tienen ahora cabida ninguna… No sé si me he vuelto más dura con el paso de los años o que simplemente, me he vuelto más exigente.
Estoy haciendo tareas que hace unos años eran impensables para mí, estoy preparando mi físico de forma diaria costándome horrores pero que tiempo atrás no hubiera imaginado, estoy volviéndome más práctica y fría en el sentido amoroso y sobre todo, hace tiempo que creé un escudo protector para que no me hicieran daño. Hubo personas que estuvieron a punto de cruzarlo y de llegar a mi corazón pero cuando no existen sentimientos reales no se llega a ningún puerto.
No sé qué personas leerán esto, no sé si quizá alguien lo lea nadie pero lo cierto es que hace mucho tiempo que no me salen las palabras adecuadas para poder expresarme y para poder plasmar mi sentimiento real.
Hoy no quiero no hablar de nadie en particular, pero lo cierto es que no soporto a esas personas que van por la vida con tanto dramatismo y que parece que la vida se va a acabar mañana por ridiculeces que les suceden, personas que a la mínima creen que una amiga de toda la vida se puede convertir en algo más. No soporto a esos hombres que están a la tentativa de conseguir  algo consolando a las amigas… Y es por eso, por lo que no echo de menos a ese tipo de personas en mi vida y que muchas veces, es necesario quedarnos con las que nos hacen ser felices día tras día. Las pérdidas forzadas no tienen por qué ser dolorosas cuando no queremos a esas personas en nuestras vidas… Y no sólo hablo de aquellas que crean sus cuentos de hadas, sino también de otras, que son demasiado prepotentes y que están orgullosas de decir las verdades a la cara con la excusa de que así expulsan todo lo que llevan dentro…
Creo que siempre tenemos que escoger a personas que sean afines a nuestra personalidad y es lo que desde hace algunos meses, hago haciendo… Quedarme con aquellos hombres y mujeres que me hacen la vida más satisfactoria y con los que comparto grandes momentos de sinceridad y confianza. Es por eso, por lo que en muchas ocasiones de la vida, no estoy de acuerdo con la frase del comienzo puesto que podemos darnos cuenta de lo que no queríamos cuando lo hemos perdido voluntariamente.


jueves, 19 de mayo de 2011

El día siguiente...

La vida sigue pasando para todos y queramos o no, el tiempo sigue avanzando sin que apenas nos demos cuenta. Un día llegas a una edad en la que te das cuenta de que ya no eres una niña por mucho que, quizá, lo parezcas. Es entonces, cuando comienzas a pensar en los cambios que se han producido en tu vida y es entonces, cuando sabes lo que quieres en esa vida, la cual sólo pasa una vez y cuando te quieres parar a pensar en las cosas que has hecho o dejado de hacer, ya ha pasado.

Nunca se sabe lo que a uno le puede suceder al día siguiente... Vivimos sumergidos en una rutina constante donde lo de siempre es lo que vale, donde lo que hacemos diariamente de forma casi automática es algo a lo que estamos acostumbrados, pero es necesario pararse a pensar y reflexionar sobre qué es lo que estamos haciendo en esta vida porque el día menos pensado puede ser que ya sea tarde o que nos cambie sin apenas esperarlo... porque la vida es así, pasa y termina sin avisar.

Estamos sumergidos en una vida repleta de productos materiales y de la búsqueda de ganancia excesiva, estamos rodeados de personas que buscan algún tipo de interés, estamos acostumbrados a una serie de excesos que nos divierten hasta el punto de querer repetir constantemente... Estamos amoldados a un tipo de sociedad carente de voz donde lo que hace la mayoría es lo que vale.

Tantos años estudiando, concretamente 7 años, cinco equivalente a la licenciatura y dos al posgrado para desear terminar de estudiar y comenzar una nueva etapa y ¿qué me encuentro tras eso? Entrevistas y más entrevistas... durante mi época universitaria he estado trabajando un total de 3 años de becaria, lo cual quiere decir que no existes en ningún sitio. Y ahora, ¿qué me encuentro? Un panorama donde tengo que ocultar mis estudios y explicar que sólo tengo hasta el bachillerato porque de lo contrario, no me escogen en ningún sitio... ¿hasta qué punto hemos llegado? He tenido que realizar verdaderos malabarismos para saber cuál es el currículo que he mandando a cada una de las empresas cuando me han hecho entrevistas. Y ahora de nuevo, la semana que viene, tendré que comenzar con todo el proceso de la búsqueda de empleo.

Trabajos precarios, sueldos irrisorios y encima, horas regaladas. Pero parece que eso no importa... A unos días escasos de las elecciones, hay personas que son capaces de volver a repetir gobierno con la persona que está actualmente, ¿es que acaso ya no hemos tenido bastante? Yo no digo y jamás diré que un partido es mejor que otro, porque sinceramente, a día de hoy, no veo ninguna solución viable, más que la de esperar a un líder que no esté corrompido por el poder. Votaré porque es mi derecho, pero a ninguno de los dos grandes ejes que oscilan constantemente en el gobierno. Tampoco creo que la solución sea votar a esos pequeños partidos que intentan hacerse hueco, pero veo más útil dar mi voto a esos partidos antes que a los corrompidos que están diariamente en los carteles de los andenes de metro.

Cinco millones de parados y así seguimos en una carrera de fondo donde la meta es llegar a un pozo repleto de mugre. Pero bueno, llevaba mucho tiempo sin escribir porque tampoco he tenido demasiado tiempo, pero ahora que lo tengo, mi mayor pensamiento es qué va a pasar con nosotros los jóvenes... No es más... porque cada vez pienso que una vida digna para un joven es un mundo utópico que jamás va a llegar y que si existió ya se extinguió en el pasado... Es lo que creo...