miércoles, 10 de agosto de 2016

Son las fechas las que te hacen pensar más...

Va pasando el tiempo y algunas personas se van quedando en el recuerdo… Un recuerdo al principio está cargado de imágenes en la mente pero que según va avanzando el tiempo se difuminan. Al principio, podemos describir perfectamente cómo era una persona, sus imperfecciones en la cara o la forma de sus manos pero con el paso de los años, eso ya no es posible o al menos yo no soy capaz de recordarlo. Intento hacerlo pero no puedo…

No ha pasado tanto tiempo. Vuelvo a ver alguna foto o video y es entonces, cuando una parte olvidada de mi vida vuelve a la luz a través de esa chispa que se ha encendido y que permanecía en algún lugar de mi complejo cerebro.

Recuerdos… Sólo recuerdos… La vida sigue, continua. No se para por nadie ni para nadie. La vida es dura para algunos e incluso lo ha sido más, cuando son otros los que cuentan la vida tal y cómo ha sido en realidad. Dicen que cuando alguien desaparece del mundo terrenal, algo se queda. Quizá sólo se quede ese algo en algunos pocos… Y es que yo me sigo acordando de ella, aunque no lo diga. Aunque no  lo hable con asiduidad porque a medida que voy añadiendo años a mi vida me gustaría haber heredado esa fortaleza de la que tiempo después sabía que existía. Todos somos fuertes, eso dicen… pero ella lo era más. 

A veces me pongo a pensar y lo cierto, es que desde que ella ya no está nada ha vuelto a ser lo mismo. Existen personas que son los nexos de unión para que otros nos podamos reunir e incluso, a veces las celebraciones son las excusas perfectas para compartir momentos familiares. Pero cuando esas personas desaparecen ya no queda nada que celebrar ni que compartir.

No recuerdo con detalle aquella casa por dentro de Esquivias… No lo recuerdo… Pero sí que recuerdo aquel patio maravilloso donde yo jugaba de pequeña. No recuerdo la casa de San Cristobal pero sí que recuerdo aquel canario que piaba y cuando dormía yo me preguntaba a mi misma cómo no podía caerse estando apoyado sólo es una pata.

No recuerdo su cara con nitidez pero sí que recuerdo la ausencia de canas y un pelo negro natural impresionante que no sería algo inusual sino fuera porque ella era ya mayor. Mayor, y cuando uno es mayor la vida se acaba… Así, de repente… Y lo que quedan  para los  que nos quedamos son sólo recuerdos.  

Los más nítidos son los últimos, y de esos no quiero acordarme porque son los más feos. Las últimas imágenes se nos graban, los últimos momentos de vida y esos instante de una  tierra cayendo encima de un féretro frío pero cargado de emociones a su alrededor.

Será otro año que pase, será otro recuerdo  de la fecha de su muerte, será  otro día… Un día de Agosto que pasará pero que yo recordaré con más intensidad, la recordaré a ella. Recordaré todas esas cosas que sabía que me hubiera gustado alcanzar… Y hoy, no está aquí para decirla que lo conseguí. Hoy no… No está. Ni tampoco me está viendo desde ningún sitio porque la que creo en Dios soy yo. La que ha recibido educación cristiana… La que cuando era pequeña y me dijeron que mi abuelo murió me lo hicieron saber diciéndome que se había ido de aquí para subir al cielo… Pero sea como sea… Hoy ella, no está aquí.

Y sin querer, las fechas puntuales te hacen pensar más o revivir el momento, y es por eso por lo que quiero acordarme en estos días un poco más de ella porque el vacío que ha dejado y su ausencia resulta palpable en mi corazón y aunque a día de hoy, evite mostrar determinada sensibilidad porque no todo el mundo está preparado para lidiar y entender las emociones,  a veces hace falta recordar… 

A veces hace falta hablar de aquellos que ya no están a pesar de que algunas imágenes se vayan esfumando en el largo camino de la vida…


lunes, 16 de mayo de 2016

Entonces... ¿valió la pena?

Aún lo recuerdo… Recuerdo perfectamente esa primera vez que sentí un dolor angustiante de muelas… Recuerdo el principio de todo aquello que sería un largo camino hacía una meta que tendría como resultado una bonita y grande sonrisa… Pura estética en realidad. De ser ahora yo creo que no hubiera pasado por todo aquello que pasé y que a día de hoy, me resulta hasta sorprendente que me embarcara en toda aquella aventura dental.

Era verano y me sacaron una muela del juicio cada 15 días… Unas muelas que estaban tumbadas y que recuerdo cómo con una de ellas duró casi una hora y media en salir. El resto fueron 45 minutos aproximadamente. Veía esos preciosos ojos azules del cirujano maxilofacial. Cómo sudaba y sudaba e insistía mientras notaba la presión en mi mandíbula. Me dieron 4 puntos en cada una de mis muelas. Recuerdo cómo una noche con una de ellas comencé a sangrar porque uno de los puntos se me retiró… Recuerdo aquel flemón y vena de color verde que me recorría hasta el cuello…  Para otros no fue nada, para mí fue desesperante.

Tras esto, mis dientes estaban un tanto descolocados. Para mí, demasiado y para los dentistas también. Para otros pasaban desapercibidos. Así que decidí voluntariamente ponerme ortodoncia o lo que comúnmente se denomina aparato de brackets. El primer problema surgió enseguida… No tenía espacio suficiente para que mis dientes se colocaran en línea. La genética no me acompañaba, así que tenía dos soluciones; fracturar la mandíbula unos milímetros cada mes o sacarme cuatro piezas concretamente los colmillos de arriba y abajo y luego juntar el hueco. Obviamente, yo no quería que me quitaran más dientes… Así que opté por durante 6 meses llevar además del aparato de ortodoncia otro aparato en el paladar que cada mes me ajustaban para fracturar la mandíbula y que cediera unos malditos milímetros de nada… Y eso, dolía. Dolía mucho…

Tres años con aparato, arreglar mordida y según me lo quitan aparece una retracción de encías... Me dan más posibilidades las cuales eran una operación en la cual me quitaban parte de la piel que rodea al paladar para ponérmela en las encías delanteras de abajo o en su defecto, hacerme cada tres meses curetajes arriba y abajo con la posibilidad de recuperar encía, pero cosa que no era segura. Estaba harta y cansada de la boca… Y dolía… Opté por los curetajes y sino resultaban efectivos, me embarcaría en la operación para recuperar encía. Yo quería acabar pronto y hacer el curetaje de  toda la boca de una vez. Ellos no quisieron porque era demasiado… Así que me lo dividieron en tandas… He de decir, que siempre pedía mucha anestesia, aunque alguna vez me llevara más de un susto como marearme cuando me pincharan o sentir que el corazón me latía tan rápido que parecía que iba a explotarme, pero después de 10 minutos esa sensación se había pasado. Me decían que era por el tipo de anestesia. Yo de estas cosas no sé…

Recuperé encía, unos malditos pocos milímetros pero decidí conformarme con eso. Necesitaba un descanso… Todo dolía, daba igual lo que fuera, pero siempre sangraba y dolía. Y yo siempre lo quería todo de una vez, no quería esperar, quería mucha anestesia para que no me doliera y mi umbral del dolor se hizo cada vez más alto. Pero  la boca no me daría tregua…  Ya tenía todas las muelas empastadas y una comenzó a quejarse más de lo normal. Recuerdo que era un dolor bastante fuerte pero transitorio. No le di importancia y aguanté. Quería una tregua con mi boca.

Al final visité al dentista… Era necesario hacerme una endodoncia. No sabía qué era eso. La primera vez en mi vida que lo oía. Pero me explicaron que una caries se me hizo muy profunda tocando al nervio y que sería necesario matar ese dolor que lo ocasionaba el nervio. Así que dicho y hecho. No tenía motivos para desconfiar. Una hora casi con un plástico en la boca para que no pudiera cerrarla. Un jovencito que hurgaba en mi muela izquierda y ningún tipo de dolor… No sentía nada en mi parte izquierda de la cara. Fue un gustazo. Acabó y para casa con antibióticos y antiinflamatorios. Más de lo mismo… Estaba acostumbrada.

Pasaban las horas… y seguía sin sentir nada. Me tocaba la cara y no notaba nada. Sería la anestesia pensaba… Pasaron 8 horas y seguía sin notar nada y sin poder levantar ni la ceja, ni el labio, ni tan siquiera podía lagrimar por la parte izquierda. En ese momento comprendí que eso no iba bien, que eso no era normal… No lo era porque ya me habían hecho muchas cosas en la boca y sabía perfectamente cómo funcionaba la anestesia y en esta ocasión, no podía mover absolutamente ninguna zona de la parte izquierda de mi cara… No voy a contar todo lo que pasó después pero acudí a urgencias… fue una parálisis facial que me duró algunos días y cuyas pequeñas secuelas han quedado en mi… Y todo porque la anestesia tocó el nervio facial. A día de hoy me cuesta guiñar el ojo izquierdo, cuando sonrío mucho me tiembla la cara de dicha zona izquierda y no tengo total sensibilidad en esa parte del rostro. 

Desde entonces, puedo decir que he cogido pánico a los dentistas, he cogido pánico a la anestesia hasta tal punto que en alguna ocasión tras esto, me han hecho una caries sin anestesia.

Y ahora hace unos días, vuelvo a ir al dentista y me comentan que deben hacerme una endodoncia por una muela fracturada o en su defecto, sacarla y poner un implante… Y me siento angustiada porque no quiero volver a pasar de nuevo por lo que pasé. No quiero sentir de nuevo la sensación de no poder mover ninguna parte de la cara y que no sean capaces de decirme en cuánto tiempo voy a recuperar la movilidad. Tan sólo pasa a un 0.3 % de los casos… Una parálisis facial tras anestesiar. Pero a mí me tocó, ese pequeño porcentaje me tocó. 

Y tengo ahora verdadero pánico de que me vuelva a ocurrir otra vez.... Tengo verdadero miedo de pasar por algo parecido... No debería pero me he vuelto una cobarde ante estos temas tras aquello que me sucedió. Y es que para otros, no tiene importancia pero en aquel momento yo lloraba porque no podía mover nada y sólo me salía lágrima por un lado de la cara. Era incapacitante, era desesperante… Fue horrible… 

Y ahora me planteo, si todo lo que empezó como un procedimiento de estética, ¿valió la pena?

domingo, 17 de abril de 2016

Porque ya no tengo 18 años...

A veces hace falta ponerse a pensar… A veces hace falta dedicar unos minutos o quizá, un tiempo a uno mismo. A pensar cómo la vida va cambiando y los protagonistas que nos acompañan en el largo o corto camino de la misma vida. Dentro de poco cumpliré años y resulta sorprendente mirar atrás y cómo uno cambia las expectativas y no sólo ya eso, también la forma de entender la vida acorde a las lecciones que los demás nos van dando. Lecciones buenas o malas pero que sirven para madurar.

Recuerdo cómo era y cómo estoy siendo. Recuerdo quiénes estaban y quiénes se alejaron. Recuerdo qué hacía y qué no hacía. Recuerdo lo que me dolía y lo que ahora me mata. Recuerdo lo que quería y lo que ahora tengo. Lo recuerdo todo…  Antes era distinto… Antes no había de qué preocuparse y de repente te pones a pensar, dedicas tiempo a lo que estás o no estás haciendo con tu vida y es entonces cuando surgen las dudas. Dudas con respecto a uno mismo. Dudas con la fortaleza o la debilidad que uno puede desprender.

Vamos creciendo y vamos cambiando. Yo misma noto que he cambiado, no sé si será para mejor o peor… pero sé que no soy la misma porque la edad te va enseñando. Llegas a una edad en la que los demás, a veces, esperan más de ti de lo que tú estás dispuesta a dar. Esperan unos roles que ya están establecidos acorde a la edad que tienes y es que la sociedad es la que empuja. Intentas amoldarte a lo que hay pero para algunos, nunca parece ser suficiente.
Llega un momento en el que la propia vida te va enseñando qué camino elegir. Es la vida la que a fin de cuentas, va pasando. Tengo casi 32 años y en este tiempo que llevo de existencia he aprendido muchas cosas…

He aprendido a caerme y a levantarme. He aprendido a volverme a caer y por alguna razón extraña he contado siempre con personas que me han vuelto a levantar.

He aprendido a amar de verdad, sin tapujos, sin esperar nada a cambio pero también he aprendido a tapar las heridas con parches. He aprendido que todas las personas en algún momento nos acaban haciendo daño, sin querer o queriendo… no lo sé, hasta yo misma lo he hecho. He aprendido a amar con precaución por el miedo al abandono.

He aprendido a valorar cada cosa que tengo y también, a valorar más los momentos con pequeñas compañías que las necesidades o presentes materiales. Ha aprendido a disfrutar más de una charla y un café o merienda que una noche con alcohol.

He aprendido a ser feliz con lo que tengo, tuviera más o menos… He aprendido a ser paciente y a llorar por cuestiones que me rompían el corazón. He aprendido a quererme a mi también… a ser consciente, a madurar. A hablar con humildad… He aprendido a asimilar que de los errores se aprende y que las mayores lecciones vienen de los mayores fracasos.

He aprendido a alejarme de aquellas personas que me hacían daño o que eran tóxicas para centrarme un poco más en mí, puesto que en muchas ocasiones me he abandonado. He aprendido a no fiarme de todo el mundo… He aprendido a no esperar demasiado ni a esperar cosas que yo misma daría de otros.

He aprendido también que la vida puede cambiar en cualquier momento y que no hay que ahogarse en un vaso de agua. He aprendido que las únicas personas que estarán ahí siempre serán aquellas que nos acepten como de verdad somos.

He aprendido que vale más una persona que sea capaz de escuchar  y cuestionarnos que aquella que nos da la razón en todo. He aprendido que la soledad, muchas veces es la mejor aliada y compañera para resolver y poner en orden las diversas circunstancias de la vida porque nos permite pensar sin recibir influencia ninguna.

He aprendido a observar y después de eso, actuar. He aprendido a perdonar cosas imperdonables y a dejarlas en el baúl de los recuerdos. He aprendido que las lágrimas son necesarias para desahogarse y no por eso uno parecer más débil.

Pero lo más importante es que he aprendido que la vida no se para por nadie… He aprendido a darme cuenta que el tiempo va pasando y que hay que disfrutarlo. He aprendido a que una tarde perfecta sea simplemente leyendo un libro o escribiendo… Dando un paseo o tomando algo… He aprendido a esquivar las opiniones negativas de los demás. 

He aprendido a ser mucho más que una talla de sostén o un color de pelo rubio… He aprendido a ser aquello por lo que me brillan los ojos o por lo que sonrío porque realmente me hace feliz.


Y todo esto lo digo porque ya no tengo 18 años…


domingo, 27 de marzo de 2016

Cuántas veces hemos pensado y pensado...

¿Cuántas veces hemos aparentado una sonrisa para no evidenciar lo que hay detrás?, ¿Cuántas veces no tenemos el día para estar agradables? ¿Cuántas veces pensamos y pensamos y lo que ocurre sólo se queda en nuestro interior? Pues quizá, hoy es uno de esos días… Quizá, no siempre podemos estar y no podemos con todo… Quizá muchas veces se utilicen los blogs o yo misma lo emplee para expresar más de lo que suelo hacer por viva voz. Quizá, como ya he dicho todos tenemos esos días en los que no nos sentimos tan plenos. Días en los que simplemente nos gustaría apartarnos o que alguien nos escuchara… Días en los que no estamos o esperamos fervientemente que alguien esté… Días en los que mantenemos el control o que incluso, a veces, lo perdemos. Días, en los que nos sentimos solos en nuestra realidad… Pero es que en realidad, de vista a los demás, son sólo días que a lo largo de la semana pasan desapercibidos.

Pudiera ser que también a veces,  las emociones influyan, las circunstancias, los miedos… Siempre están los miedos que son los que a uno le hacen vulnerable…  ¿Cuántas veces intentamos no pensar porque esos miedos vienen a la cabeza? Cada uno tendrá los suyos… por supuesto y como seres humanos que somos, tenemos por desgracia, muchos… Otra cosa es que algunos sepamos reconocer cuáles son los nuestros y otros no. En el fondo, siempre he creído que hay que dedicar tiempo a conocerse a sí mismo. A saber las virtudes y defectos que podemos tener. Y resulta curioso también comprobar cómo algunas de las cosas que yo puedo considerar defectos, otras personas lo consideran virtudes y viceversa.

Hay días en los que uno está más pensativo o simplemente, sucede algo que desemboca que uno se ponga a pensar… A pensar porque uno lo hace cuando más tiempo tiene y hoy puede ser uno de esos días… Días en los que te gustaría que las cosas fueran de otro modo… en los que los miedos no estuvieran presentes pero a veces, las cosas no son como a uno le gustaría…

A veces las cosas son como son. Y aunque en días como hoy, me sienta más pequeña y frágil, sé que este sentimiento será pasajero. Creo que todos tenemos bajones, creo que todos tenemos el derecho a tenerlos… Y creo que también quizá por eso, esté escribiendo estas líneas para desahogarme a mi manera. Porque no todos los días son iguales y no se tiene la misma energía… Porque las emociones influyen y mucho… Porque hay días en los que ciertas cosas se hacen una montaña y aún así, hay que hacer frente para dejar que esa montaña no nos aplaste. Es complicado de explicar… Es difícil de expresar porque aprendes a callar. Aprendes a no mostrar los sentimientos por miedo a que a uno le puedan herir. Siempre he dicho que con el paso de los años uno se va haciendo más desconfiado y es cierto, yo lo soy… Yo confío en pocas personas porque la vida te va enseñando… pero en las que confío lo hago plenamente.

No sé… hoy es uno de esos días en lo que anhelo ciertas cosas y en las que me gustaría no hacerlo y no sentirme como me siento pero, muchas veces, no depende de uno mismo. Muchas veces la vida es como una partida de ajedrez… Ese juego que aprendí cuando era muy pequeña y que siempre he dicho que  tiene muchas similitudes con la vida real porque existen movimientos que influyen para los siguientes y que dichos movimientos están limitados en un área cerrada. La vida es así… nos vamos moviendo en función de los movimientos previos y eso influye, por tanto en nuestros comportamientos, sensaciones y estados de ánimo… Hoy es uno de esos días en los que el cielo está gris aún siendo primavera.


domingo, 20 de marzo de 2016

Sin prisas... poquito a poco...

Cuando somos pequeños todos tenemos ciertas ilusiones o sueños que nos parecen inalcanzables. Somos niños… y como tal actuamos como niños, pero a medida que avanza el tiempo nuestras expectativas o digamos, preferencias se van consolidando. Llegamos a la adolescencia y aunque no seamos seres maduros , sí que es cierto, que podemos saber qué es lo que nos gustaría tener en la vida o no tener. Y es curioso, como según la educación que hayamos recibido nuestras creencias acerca de la vida serán de un modo u otro, nuestros valores serán los que rijan y encaucen, en la mayoría de las veces, nuestros caminos.

Doy marcha atrás y quizá, para otras personas yo sea demasiado simple… Mis sueños han sido simples desde que era una niña, incluso una adolescente. Yo no soñaba con ser modelo ni nada parecido. Recuerdo que de mayor quería ser periodista… Nada de famosa, ni actriz ni nada de eso… Cuando fui convirtiéndome en una mujercita, por decirlo de alguna manera tenía algunos sueños… eran tres; escribir un relato y presentarlo a concurso, tener un ordenador portátil y un coche, concretamente un Ibiza. Desde fuera pudiera parecer absurdo… No eran sueños inalcanzables, no lo eran… Quizá otras amigas querían un apartamento en la playa o un novio estupendo pero yo quería eso… Era simple… Y recuerdo aquella vez que se estropeó el ordenador de mesa y una persona muy cercana se ofreció a arreglarlo. Durante el tiempo que no lo tuve me prestó su portátil Toshiba. Y cuando volví a recogerlo aún recuerdo cómo me decía… quédate con el portátil, es tuyo, ya tengo otros. En ese momento, miré a mi padre y me quedé perpleja… era algo así como si tuviera que esperar su aprobación y sobre todo viniendo de quién venía. Pero antes de eso, le dije que no… que no estaba bien porque era suyo el portátil. Y aún así siguió insistiendo. He de decir, que en ese momento… me sentí tremendamente afortunada. Tenía un portátil y estoy hablando de cuando tenía 18 años…

Tras esto… descubrí un concurso literario al que presentarme… Eso no requería demasiado esfuerzo puesto que parte de lo que escribí en ese relato era algo mío… “Esas dos palabras”. Ese era el título… A veces lo vuelvo a leer y me quedo impresionada de lo que se puede sacar entre líneas o de lo que puedo recordar de aquella época.

Después vino el momento de sacarme el carné de conducir… Todos los míos lo tenían y era adolescente, así que yo también lo quería. Aún recuerdo como estando en clase de alguna asignatura un tanto aburrida me ponía con los test de la autoescuela para así aprovechar el tiempo… Y con 19 años tenía mi carné de conducir, que no quería decir que supiera conducir. Son  dos cosas muy distintas… Cogía el coche y eso no era como en la autoescuela… Con el tiempo y pasados unos años alguien se ofreció a dar a mi padre un coche…  un Ibiza. Y ahí fue donde todos mis sueños de adolescentes se habían cumplido…

Pero comenzaban otros,  los de la madurez… Otros que no tenían nada que ver… Otros que a vista de los demás, siguen siendo igual de simples… Unos sueños que se resumen también en tres; conseguir un trabajo estable, viajar a Jerusalén y vivir en Leganés.

Son tres metas que, como digo, podían ser simples pero esta vez costarían más… Me parecían inalcanzables… En cierto modo, todo estaba encadenado… EL trabajo estable me daría independencia económica lo que derivaría en poderme ir a Leganés o viajar… El trabajo estable lo encontré y como digo siempre, mejor de lo que podía esperarme nunca… Pasado el año y sintiéndome realmente ya con estabilidad económica, me planteé la opción de realizar otro sueño  y era irme a Leganés…  Lo cierto es que nunca me he llegado a ir del todo de allí.

No es la zona… es la casa… Quizá no se pueda entender pero existen personas que dan significado a los lugares… a los hogares… Y yo soy una de esas personas. Desde fuera sólo es un piso pero desde dentro es mucho más que eso… Desde hace mucho tiempo he querido irme allí y no lo lograba porque no tenía posibilidades y siempre eran económicas. Ahora veo que puedo… y aunque lo haga sola y a veces, me sienta sola en todo esto,  será de nuevo volver al lugar del que nunca me hubiera gustado irme.

Además, he de reconocer que al ver el piso vacío, sin paredes, desnudo… algo se me revolvió por dentro… Muchos recuerdos olvidados que han vuelto a salir a la luz y creo que no sólo me debió pasar a mi porque ese piso tiene mucha historia detrás, no sólo yo le  doy significado… Es un piso que ha dado muchas vueltas y que en sus orígenes nadie se habría imaginado que yo, dentro de poco, podría estar allí viviendo. Primero, porque yo no existía y segundo,  porque cuando se compró su fin no fue el que acabó siendo. 

De una forma u otra, volveré a Leganés y deseaba hacerlo… era algo que deseaba desde hace muchos años… Y es simple… Es Leganés… Es tener un lugar donde poder vivir sin sentirse ahogada económicamente y un lugar estéticamente nuevo por dentro pero cargado de significado porque, por fin, podré decir “lo logré” pero no sólo con el piso… Sino también por sentirme afortunada por tener un trabajo que me da independencia económica como mujer y que eso ha hecho que vaya a cumplir un sueño que me parecía simple pero inalcanzable. Y tras esto… y dentro de un tiempo vendrá ese viaje a Jerusalén y será entonces cuando pueda decir, de nuevo, que mis sueños simples, se han vuelto a realizar.

Quizá sea porque las metas son alcanzables o llevaderas pero sí que es cierto, que cuestiones como el trabajo o la emancipación me parecían algo que yo jamás iba a tocar ni con la punta de los dedos… Habrá personas que logren sus objetivos más temprano, otros más tarde… pero considero que lo importante es sentirse satisfecho con el ritmo de vida que cada uno va llevando. 

Jamás hay que compararse con los demás y hay que tener claro, que cada uno somos de una forma, que cada uno tenemos unos gustos o intereses y que lo que, de verdad importa, es realizar esos sueños poquito a poco… Sin prisas y al ritmo que cada uno crea conveniente… Porque cada uno de nosotros es diferente al resto… 


jueves, 31 de diciembre de 2015

Un año para recordar!

Comenzaba el año… Aún lo recuerdo… Sin expectativas, sin ilusiones… Todo seguía igual. Todo el mundo celebraba ese cambio del 31 de diciembre del 2014 al 1 de Enero del 2015. ¿Qué más me daba a mí? Seguía con mis trabajos de promotora, aunque realmente eran los que menos hacía últimamente porque había ascendido a azafata. Sí, resultaba curioso… Los únicos trabajos que hacía eran de azafata de eventos y convenciones y aunque muchas personas de mi alrededor, me dijeran lo poco que valían esos trabajos… Yo los seguía haciendo con mi sonrisa en la cara porque en cierta manera, he de decir que disfrutaba del trato humano con mis compañeros y compañeras de dichos eventos. Eran trabajos. 

Cada viernes también repartía un periódico gratuito en la salida del metro de Bilbao y lo hacía encantada… Eran cosillas que iban saliendo pero miraba a mi alrededor y no era suficiente… Trabajos eventuales, temporales. 
No sabía si al día siguiente trabajaría o no… No sabía si vendría una chica más joven que hiciera lo mismo que yo por menos dinero… Yo lo hacía por el que fuera porque no sólo los más jóvenes lo hacen… yo también lo hacía. Y luego el entorno… ese maldito entorno que te empuja y que te dice lo que deberías estar haciendo porque es lo que corresponde a tu edad…

Pero nunca sabría que la vida puede dar  tantos cambios… Reconozco que no me lo esperaba. Reconozco que siempre he creído que los que tienen suerte son los demás y que a mí nunca me iba a pasar. Reconozco que pensé que iba a quedarme en un  pozo sin futuro alguno. Y que sólo los que saben o han pasado por esto, pueden entenderlo. 
Llegó mediados de Enero y todo cambió con aquella llamada. Una llamada que transformó mi mundo y mi visión de las cosas… Me daba miedo poder pensar que podía encontrar un trabajo… Un trabajo de verdad, un trabajo en el que tienes un horario, un trabajo al que debes acudir cada día y sobre todo, un trabajo donde las personas que están no son sólo personas… son mucho más que eso.

Y de repente, mi mundo cambió hasta yo misma he cambiado en ese mundo en el que me muevo ahora mismo. Al principio no me lo podía creer… pasaban los meses y ahí seguía. Tenía miedo de que sólo fuera temporal. Tenía mucho miedo… Tenía miedo de perderlo cuando llegó el verano por circunstancias que sucedieron. Pero pasó el verano  y los meses y aquí estoy, a 31 de diciembre del 2015 para entrar en un año distinto… Un año que espero que sea como este que he vivido.

He aprendido muchas cosas… He aprendido a ser paciente, a no perder los nervios, a disfrutar de los pequeños detalles, a valorar a las personas por lo que me ofrecen, a confiar en los demás, a ser consciente de que la vida hay que vivirla en el presente, a pensar con la cabeza, a rodearme sólo de personas de verdad y con un buen corazón. Y sobre todo he aprendido a quererme. He conocido a personas que son casi como una familia porque realmente hayan sido unas u otras, siempre he sabido de su existencia y ahora, tengo la suerte de estar con todos ellos.

También he aprendido a conocer un poco más a mi padre… A verle en otro entorno. Y cada día que pasa estoy más orgullosa de todo lo que puede llegar a hacer. De su colaboración en la Cruz Roja y en otros lugares.

Lo cierto, es que este año, la misma vida, me ha dado una lección a nivel humano. Una lección de valores y sobre todo, un año donde agradezco cada cosa buena que me ha dado… Agradezco que la vida misma te ponga límites para ser fuerte, para que, aunque te caigas, haya alguien que te pueda levantar. Y que cuando crees que nada bueno puede venir… De repente, aparece.

En definitiva, sólo puedo decir, que este año 2015 ha sido el mejor en mucho tiempo para mí. Lo empecé mal… Pero enseguida un sueño se hizo realidad… Y gracias a eso, podré dar más pequeños pasitos…  Porque mi vida sólo se basa en eso… En tener un trabajo, que encima supera todas mis expectativas porque es un lugar lleno de significado, en ganar un dinero que me permita irme a Leganés y que, siendo sincera, si todo sigue como hasta ahora, lo haré ya por fin, al año que viene, en rodearme de personas que me aporten cada día algo nuevo y de amigos y amigas que lo sean de corazón.  
En tener a mis padres ahí, porque son al final quienes siempre están, pase lo que pase y sea como sea. Son ellos siempre quienes de verdad se alegran cuando me suceden cosas buenas o se entristecen cuando sufro y porque son ellos quienes han vivido todo de primera mano.

No necesito más… No necesito valores materiales, no necesito más dinero, ni tampoco ponerme una careta… Sólo necesitaba ser feliz y ser como soy, con mis virtudes, con mis defectos, con mis carencias, con mis ilusiones… A fin de cuentas,  recuperar lo que un día fui. Y de repente, este año lo conseguí… De repente, no puedo borrar mi sonrisa al recordar todo lo que este año ha sido. Ya sea mejor o peor el año 2016, sólo puedo decir que este 2015 ha sido un año para recordar… Un año que no olvidaré jamás. Y una fecha de un 2 de Febrero que siempre quedará grabada en mí...


domingo, 9 de agosto de 2015

Todo esto te diría...

Parece que fue ayer… Parece que no ha pasado tanto tiempo pero lo cierto es que han sucedido tantas cosas… Me gustaría poder contártelas, me gustaría poder preguntarte…

Hace poco que fue tu cumpleaños y aún recuerdo que por aquellas fechas de mayo teníamos la sana costumbre de reunirnos en un lugar u otro. Pero eso no ha vuelto a suceder. En este tiempo he descubierto nuevas facetas de las personas que me rodeaban, no sé si, incluso tú lo sabrías. No sé si tú misma te hacías la tonta y sabías lo que estaba sucediendo. O quizá, es que te lo ocultaron. No lo sé… Pero pasado el tiempo, me da rabia haber dejado a esa mujer para que hablara sobre ti en aquella misa, una persona que no merecía hacerlo porque por aquel entonces sólo estaba fingiendo que todo iba bien y no era así…  Yo era desconocedora de todo aquello por aquel tiempo porque de haberlo sabido, las cosas no hubieran sido como resultaron.

Me gustaría poder contarte que mi vida ha ido evolucionando. Me gustaría poder decirte que poco a poco mis diversas esferas se van llenando, algunas más lentamente y otras con rapidez. Estabas interesada en temas de amor, lo recuerdo perfectamente, siempre me preguntabas. Últimamente, lo hacías mucho pero yo no te decía la verdad, yo apenas le daba importancia. Siempre te decía que tenía amigos porque realmente, prefería mantenerte alejada de mis temas amorosos por miedo siempre a tener que dar explicaciones después si la cosa no salía bien. Me resultaba más cómodo no mencionar la existencia de nadie a mi lado por lo que pudiera pasar. Con el tiempo, parece ser que esa misma persona que te oculté, decidió quedarse a mi lado. Y a día de hoy, puedo decir que lo sigue estando. Probablemente tú me preguntarías sobre el futuro y yo te contestaría con un “ni yo misma lo sé” porque hasta las relaciones más sólidas pueden desvanecerse en un segundo… Ahora ya no soy como antes… Ahora ya vivo el presente y no pienso en lo que será o dejará de ser. Cuando te han hecho daño en el pasado, ya actúas con más precaución.

Acerca del tema laboral, la verdad es que he ido haciendo de todo en este tiempo… He trabajado en lugares de diversa índole pero a día de hoy, estoy en un lugar que ni tú misma te creerías. Y cuando encuentras algo que supera todas tus expectativas… Eso es maravilloso. Aunque también tengo miedo de perder lo mejor que me ha dado la vida hasta ahora… Tengo miedo de perder algo que causaría un quebradero en mi futuro. Digamos que todo en esta vida está relacionado. Una cosa lleva a la otra. Lo estaba ya pensando para el año que viene... lo estaba meditando y estaba decidida y segura, hasta que de repente los cimientos de algo que podía ya sentirlo, se tambalean de nuevo. Siempre he dicho que no quiero pensar en el futuro porque la vida puede cambiar en cualquier momento y aunque no lo manifieste o diga, me da pánico poder volver a lo que tenía antes.

La familia ya no es lo que era… Esa casa en Esquivias me trae tantos recuerdos… Ahora la veo y siento pena. Se me parte el corazón ver que se cae, que ya no es lo que era. Es el paso del tiempo, eso dicen, pero lo cierto, es que creo a veces que es la desidia. Me da cierta tristeza pasar por allí y ver que ese lugar algún día será sólo un solar vallado. Ojalá yo pudiera hacer algo ahí… pero no tengo poder para ello.

Lo cierto es que todos hemos ido creciendo. Yo la primera, en este tiempo me he vuelto más desconfiada y me he llevado grandes sorpresas. He reflexionado acerca de tu vida, de lo que me han ido contando, de lo que sé y no digo… Y me planteo muchas cosas que ojalá pudiera preguntarte. Me da por pensar y pensar pero hoy, por no herir la sensibilidad de determinadas personas, es necesario callarse. Jamás he entendido porque existen ciertos temas con los que no se puede hablar con asiduidad pero tú a pesar del paso del tiempo decidiste enterrarlo. No lo logro entender y ahora no será el momento de indagar más, pero más adelante, si la vida me lo permite, lo haré.

En realidad, aunque diga todo esto, también tengo que decirte que te echo de menos… Echo de menos verte, que me dijeras “niña” cada vez que querías algo, que insistieras una y otra vez por saber cuándo podría ir a verte, que te quejaras de tus dolores, que quisieras vernos a Lydia y a mi juntas, que me preguntaras por cosas que yo desviaba… Echo de menos saber que estás en un lugar, ya fuera una casa o una residencia… Echo de menos que me dijeras que me querías y que a mi me costara tantísimo decir un “yo también”. Echo de menos en definitiva, tenerte aquí  porque tú eras  la única abuela que estaba  y que, en realidad siempre tuve porque esta vida no me permitió conocer realmente a nadie más.

Todo esto te diría si estuvieras aquí, todo esto y mucho más te contaría si no te hubieras ido… porque pronto son ya dos años los que no estarás aquí… Son dos años que han marcado y dado lugar a cambios a raíz de tu ausencia, para bien o para mal… Pero son dos años en los que no te he podido contar todo esto que aquí te cuento…