jueves, 5 de febrero de 2026

Ella me pregunta “Y ese señor de ahí, ¿quién es?”

Aún recuerdo muchísimas cosas, tantas que muchas de ellas están plasmadas en cientos o más bien miles de fotografías que se van haciendo según uno va cumpliendo años. En la vida aparecen personas que van y vienen, eso es cierto, pero hay otras, que las conocemos desde un primer momento porque forman parte de la familia y porque siempre han estado. Uno no se plantea nada, sino simplemente que son familia y siempre permanecerán. Vas creciendo, haciendo partícipe a esa persona de todas aquellos acontecimientos importantes, de los logros y resultados más luchados porque te genera alegría y sobre todo porque tienes un sentimiento de cariño evidente por los años transcurridos a su lado.

Recuerdo ir a esa casa y quedarme atónita escuchando cómo tocabas esas piezas musicales en aquel increíble piano, ver tu desparpajo con la flauta travesera, con el saxofón, el órgano y con cualquier instrumento que se te pusiera por delante. Daba igual lo que fuera porque sabías tocarlos a la perfección y eso para mí, era y sigue siendo, un don. Aquella habitación llena de tanta música. Oír temas de Vivaldi, Bach… y también actuales, pero tengo que reconocer que lo que más me gustaba era “Para Elisa” y “Claro de Luna” de Beethoven. Era algo espectacular. Mientras, a veces, el resto estábamos en el salón y tú te podías pasar horas tocando sin importarte ni el tiempo ni el espacio.

Recuerdo ir a mi comunión, a mi confirmación o a mi graduación de fin de carrera. Ser mi padrino de bautizo y estar siempre presente en las vacaciones de una manera u otra y durante mi adolescencia, ser partícipe e informado de todo aquello que podía hacer porque estabas en Navafría verano tras verano junto a mis padres y yo acudir días sueltos o incluso, horas escasas. Recuerdo, la única vez en todos los años que te vi llorar ya no sé, realmente, si por mí o quizá, por cosas tuyas interiores. Allí, en el pueblo en mi habitación, subiste y me viste llorando porque no podía superar la reciente ruptura amorosa que había pasado justo unos meses antes con Victor, pareja que tenía desde hace años y que pensaba que sería el amor de mi vida. Me diste un abrazo y empezaste a llorar, diciéndome que no podías verme así. Yo tenía el corazón destrozado y 10 kilos menos en mi cuerpo y me quedé de piedra al ver en un hombre lágrimas, cosa que no debería haberme sorprendido a no ser que fuera porque jamás desde que tenía uso de razón, te había visto llorar.

Recuerdo tantísimas cosas… Tantos momentos… y todos ellos junto a la persona que también te acompañaba. Muchas veces pensamos por qué las cosas suceden o acaban como lo hacen. Muchas veces, retrocedemos en el tiempo porque de haber sabido muchas de ellas, no hubiéramos reaccionado igual… Los movimientos sísmicos en las parejas ocurren y eso es algo que no se puede negar pero creo, que el daño que dejamos en las personas con nuestros actos, esos sí que podemos manejarlos. Estuviste muchos años y formaste parte de la familia. Durante la infancia fuiste mi tío favorito y después, cuando fui creciendo hacías equipo con mi tía. Para mí, erais algo así como un todo y de repente, todo aquello que vivimos, lo que habías formado, el cariño que te tenía, tuvo que eliminarse de un día para otro, porque tú lo decidiste y así lo quisiste. Daños colaterales aparecieron con respecto a muchos familiares aparte de la gran persona afectada que es más que evidente.

Ahora, muchos años después, enseño fotos a mi hija de mi infancia, adolescencia y parte adulta y me doy cuenta que estás en todas ellas, pero en todas, ya sea en vacaciones de verano, de semana santa o de invierno en el pueblo, salidas a la playa, celebraciones de cumpleaños o bodas de diversos familiares, Navidades o Reyes, días de la madre… Ahí estás y es entonces cuando mi hija ya conociendo al resto de una forma u otra, me pregunta “¿y ese señor de ahí quién es?”

Y mi cabeza comienza a pensar y tengo dos opciones, decir que no eras nadie o decirle, que eras mi tío preferido porque de todos eras al que más y yo creo que, el único, al que veía, que formabas parte de la familia y que por eso, estabas siempre ahí. Porque había crecido contigo pero que la manera en la que te alejaste fue demasiado dolorosa para todos y también para mí, rompiendo con ello parte de mi pasado que no se entiende si decido borrarte de mis recuerdos...



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