miércoles, 24 de diciembre de 2025

Acabando otro año más...

Una vez más, llega la época del año donde sin querer haces una valoración de lo que ha sido, de lo que ha podido ser y lógicamente, de lo que no ha llegado a ser. Quizás, sea un momento más cargado de sensibilidad o de reflexión donde hechas la vista atrás y recuerdas muchas de las cosas que han sucedido y que desearías que no hubieran estado ahí. Otras, que no han tenido importancia y las que más, las que te gustaría cambiar.

Este año está acabando y hablaré aquí de todo y de nada, porque he vivido experiencias que me han cambiado, que me han hecho pensar en lo que quería o no quería, que me han hecho dudar de mi misma y hasta que me han abierto los ojos. Todos pasamos momentos mejores y peores pero lo cierto, es que eso que dicen que de los peores se aprende, deja mucho que desear. La vida de por sí, ya es complicada en muchos aspectos y son las personas que nos rodean las que nos hacen esa vida más fácil o más difícil. 

He llegado a una edad en la que no necesito cantidad sino calidad de los que están a mi lado. He perdido personas, sí, y tengo que reconocer que en algunos momentos, los he echado mucho pero mucho de menos pero no tendría sentido volver a saber de ellos o puede que sí, no lo sé, pero el miedo al rechazo hace que me bloquee en mis acciones de volver a reencontrarnos. Y los rencores y daños hacen que aunque pase el tiempo eso pueda influir de manera notable.

Me he llevado decepciones de otras personas cercanas porque somos humanos, es decir, no somos perfectos. Esperamos que alguien pueda ser de una manera determinada y generamos unas expectativas que cuando no se cumplen o surgen desvíos en lo esperado, es entonces cuando aparece dicha decepción bajo los criterios y valoraciones personales. Y las decepciones duelen y sobre todo cuando se trata de personas cercanas. Pero de la misma manera que nos decepcionan también yo misma, seguramente, he podido hacerlo según a quién se le pregunte porque todo depende del grado de unión que mantengas con alguien para que te puedan o pueda yo misma, decepcionar.

He soñado con cambiar muchas de las cosas que están pasando en ciertos aspectos y cuando digo eso, me estoy refiriendo a mejorar. En que algo por mínimo que sea, pueda avanzar y no sentir esa sensación de estancamiento o vacío en algunas esferas de mi vida. Quizá sea que cuando lo has vivido y lo has tenido, lo quieras de nuevo y eso hace que sea muy difícil adaptarse a las nuevas circunstancias. Que pasa el tiempo y, también, los años, y por mucho que haga, ya no depende tanto de mi y en el pasado, lo veía como algo ajeno pero hay cosas que nos pueden suceder a todos y nadie tiene la seguridad de que su vida sea hoy igual que mañana porque todo puede cambiar en segundos. De tener todo podemos pasar a nada. Y muchas de las personas que lo tienen todo, se quejan de esos “problemas” una y otra vez, mientras yo escucho y pienso ¿qué pasaría entonces si estuvieran en otra situación? Y no sólo ya eso, sino que quieren más y mientras yo vivo en el mundo ya de la resignación, otros lo hacen en el de la insatisfacción constante teniendo algo que yo, por supuesto, desearía. Pero pese a eso, he aprendido que lo que mejor puedo hacer es oír, ver y callar, porque simplemente, hay personas del entorno que no tienen la capacidad de empatizar y no ven más allá de su ombligo y sus circunstancias.

He dejado de hablar con personas que haciendo una valoración, realmente no me aportaban absolutamente nada. Mientras que, he ampliado mi círculo con otras de forma realmente casual, que sí que lo merecían. 

Pensando en el nuevo año que entra, pediría muchas cosas pero sé que no sucederá así... pero al menos me gustaría que fuera similar a este en lo que respecta en algunos aspectos como en las personas que me acompañan en mi trayectoria vital, ya que son ellos los que me escuchan, ayudan y aconsejan cuando me siento un poco perdida. Quiero que sigan estando como lo han estado desde hace ya muchos años atrás porque forman parte de mí y hacen que las preocupaciones que son muchas, cuando estoy con ellos se hagan menos pesadas o se hagan más pequeñas el tiempo que compartimos. Sé que los miedos y las inseguridades seguirán estando presentes porque nadie está exento de eso, pero hay épocas en las que, en mi caso, deciden salir al pensamiento con más asiduidad y son esos días en los que hay que ser más fuerte y eso desgasta tanto por fuera como por dentro.

No sé que pasará este año que entra porque sé que junio será un momento de inflexión en el que se producirá otro cambio pero lo que intento es no agobiarme porque quizá, las cosas puedan haber cambiado para entonces. No lo sé... Quiero creer que sí. Hasta entonces, seguiré mientras tanto buscando, escribiendo en el periódico digital, en el colegio y preparándome para las oposiciones, otro año más y esperando ya no sólo aprobar como en veces anteriores. Además, de otras muchas cosas que reservo y hace alusión a mi vida privada. 

Pero lo más importante que me ha aportado este año como en todos los anteriores, es el amor de mi hija que ya tiene 6 años. Ella me hace entender la vida de otra manera, más simple y sencilla. Bajo su percepción con soluciones fáciles y reflexiones que hacen que mi vida tenga otro sentido. Me ha enseñado el amor puro e incondicional y es la alegría constante que da significado a lo que soy. Y por ella, he cambiado, claro que sí… Me he vuelto más paciente, constante y sobre todo, comprensiva. Y la conexión y el amor que tengo por ella no lo tengo por nadie más. Un amor, que hasta no haberme convertido en madre, no sabía lo que era. Pero venga lo que venga al año que viene y sea como sea o cambien o no las cosas, lo más importante, es que nos tenemos la una a la otra y es que eso, puede con todo.







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