domingo, 17 de abril de 2016

Porque ya no tengo 18 años...

A veces hace falta ponerse a pensar… A veces hace falta dedicar unos minutos o quizá, un tiempo a uno mismo. A pensar cómo la vida va cambiando y los protagonistas que nos acompañan en el largo o corto camino de la misma vida. Dentro de poco cumpliré años y resulta sorprendente mirar atrás y cómo uno cambia las expectativas y no sólo ya eso, también la forma de entender la vida acorde a las lecciones que los demás nos van dando. Lecciones buenas o malas pero que sirven para madurar.

Recuerdo cómo era y cómo estoy siendo. Recuerdo quiénes estaban y quiénes se alejaron. Recuerdo qué hacía y qué no hacía. Recuerdo lo que me dolía y lo que ahora me mata. Recuerdo lo que quería y lo que ahora tengo. Lo recuerdo todo…  Antes era distinto… Antes no había de qué preocuparse y de repente te pones a pensar, dedicas tiempo a lo que estás o no estás haciendo con tu vida y es entonces cuando surgen las dudas. Dudas con respecto a uno mismo. Dudas con la fortaleza o la debilidad que uno puede desprender.

Vamos creciendo y vamos cambiando. Yo misma noto que he cambiado, no sé si será para mejor o peor… pero sé que no soy la misma porque la edad te va enseñando. Llegas a una edad en la que los demás, a veces, esperan más de ti de lo que tú estás dispuesta a dar. Esperan unos roles que ya están establecidos acorde a la edad que tienes y es que la sociedad es la que empuja. Intentas amoldarte a lo que hay pero para algunos, nunca parece ser suficiente.
Llega un momento en el que la propia vida te va enseñando qué camino elegir. Es la vida la que a fin de cuentas, va pasando. Tengo casi 32 años y en este tiempo que llevo de existencia he aprendido muchas cosas…

He aprendido a caerme y a levantarme. He aprendido a volverme a caer y por alguna razón extraña he contado siempre con personas que me han vuelto a levantar.

He aprendido a amar de verdad, sin tapujos, sin esperar nada a cambio pero también he aprendido a tapar las heridas con parches. He aprendido que todas las personas en algún momento nos acaban haciendo daño, sin querer o queriendo… no lo sé, hasta yo misma lo he hecho. He aprendido a amar con precaución por el miedo al abandono.

He aprendido a valorar cada cosa que tengo y también, a valorar más los momentos con pequeñas compañías que las necesidades o presentes materiales. Ha aprendido a disfrutar más de una charla y un café o merienda que una noche con alcohol.

He aprendido a ser feliz con lo que tengo, tuviera más o menos… He aprendido a ser paciente y a llorar por cuestiones que me rompían el corazón. He aprendido a quererme a mi también… a ser consciente, a madurar. A hablar con humildad… He aprendido a asimilar que de los errores se aprende y que las mayores lecciones vienen de los mayores fracasos.

He aprendido a alejarme de aquellas personas que me hacían daño o que eran tóxicas para centrarme un poco más en mí, puesto que en muchas ocasiones me he abandonado. He aprendido a no fiarme de todo el mundo… He aprendido a no esperar demasiado ni a esperar cosas que yo misma daría de otros.

He aprendido también que la vida puede cambiar en cualquier momento y que no hay que ahogarse en un vaso de agua. He aprendido que las únicas personas que estarán ahí siempre serán aquellas que nos acepten como de verdad somos.

He aprendido que vale más una persona que sea capaz de escuchar  y cuestionarnos que aquella que nos da la razón en todo. He aprendido que la soledad, muchas veces es la mejor aliada y compañera para resolver y poner en orden las diversas circunstancias de la vida porque nos permite pensar sin recibir influencia ninguna.

He aprendido a observar y después de eso, actuar. He aprendido a perdonar cosas imperdonables y a dejarlas en el baúl de los recuerdos. He aprendido que las lágrimas son necesarias para desahogarse y no por eso uno parecer más débil.

Pero lo más importante es que he aprendido que la vida no se para por nadie… He aprendido a darme cuenta que el tiempo va pasando y que hay que disfrutarlo. He aprendido a que una tarde perfecta sea simplemente leyendo un libro o escribiendo… Dando un paseo o tomando algo… He aprendido a esquivar las opiniones negativas de los demás. 

He aprendido a ser mucho más que una talla de sostén o un color de pelo rubio… He aprendido a ser aquello por lo que me brillan los ojos o por lo que sonrío porque realmente me hace feliz.


Y todo esto lo digo porque ya no tengo 18 años…


domingo, 27 de marzo de 2016

Cuántas veces hemos pensado y pensado...

¿Cuántas veces hemos aparentado una sonrisa para no evidenciar lo que hay detrás?, ¿Cuántas veces no tenemos el día para estar agradables? ¿Cuántas veces pensamos y pensamos y lo que ocurre sólo se queda en nuestro interior? Pues quizá, hoy es uno de esos días… Quizá, no siempre podemos estar y no podemos con todo… Quizá muchas veces se utilicen los blogs o yo misma lo emplee para expresar más de lo que suelo hacer por viva voz. Quizá, como ya he dicho todos tenemos esos días en los que no nos sentimos tan plenos. Días en los que simplemente nos gustaría apartarnos o que alguien nos escuchara… Días en los que no estamos o esperamos fervientemente que alguien esté… Días en los que mantenemos el control o que incluso, a veces, lo perdemos. Días, en los que nos sentimos solos en nuestra realidad… Pero es que en realidad, de vista a los demás, son sólo días que a lo largo de la semana pasan desapercibidos.

Pudiera ser que también a veces,  las emociones influyan, las circunstancias, los miedos… Siempre están los miedos que son los que a uno le hacen vulnerable…  ¿Cuántas veces intentamos no pensar porque esos miedos vienen a la cabeza? Cada uno tendrá los suyos… por supuesto y como seres humanos que somos, tenemos por desgracia, muchos… Otra cosa es que algunos sepamos reconocer cuáles son los nuestros y otros no. En el fondo, siempre he creído que hay que dedicar tiempo a conocerse a sí mismo. A saber las virtudes y defectos que podemos tener. Y resulta curioso también comprobar cómo algunas de las cosas que yo puedo considerar defectos, otras personas lo consideran virtudes y viceversa.

Hay días en los que uno está más pensativo o simplemente, sucede algo que desemboca que uno se ponga a pensar… A pensar porque uno lo hace cuando más tiempo tiene y hoy puede ser uno de esos días… Días en los que te gustaría que las cosas fueran de otro modo… en los que los miedos no estuvieran presentes pero a veces, las cosas no son como a uno le gustaría…

A veces las cosas son como son. Y aunque en días como hoy, me sienta más pequeña y frágil, sé que este sentimiento será pasajero. Creo que todos tenemos bajones, creo que todos tenemos el derecho a tenerlos… Y creo que también quizá por eso, esté escribiendo estas líneas para desahogarme a mi manera. Porque no todos los días son iguales y no se tiene la misma energía… Porque las emociones influyen y mucho… Porque hay días en los que ciertas cosas se hacen una montaña y aún así, hay que hacer frente para dejar que esa montaña no nos aplaste. Es complicado de explicar… Es difícil de expresar porque aprendes a callar. Aprendes a no mostrar los sentimientos por miedo a que a uno le puedan herir. Siempre he dicho que con el paso de los años uno se va haciendo más desconfiado y es cierto, yo lo soy… Yo confío en pocas personas porque la vida te va enseñando… pero en las que confío lo hago plenamente.

No sé… hoy es uno de esos días en lo que anhelo ciertas cosas y en las que me gustaría no hacerlo y no sentirme como me siento pero, muchas veces, no depende de uno mismo. Muchas veces la vida es como una partida de ajedrez… Ese juego que aprendí cuando era muy pequeña y que siempre he dicho que  tiene muchas similitudes con la vida real porque existen movimientos que influyen para los siguientes y que dichos movimientos están limitados en un área cerrada. La vida es así… nos vamos moviendo en función de los movimientos previos y eso influye, por tanto en nuestros comportamientos, sensaciones y estados de ánimo… Hoy es uno de esos días en los que el cielo está gris aún siendo primavera.


domingo, 20 de marzo de 2016

Sin prisas... poquito a poco...

Cuando somos pequeños todos tenemos ciertas ilusiones o sueños que nos parecen inalcanzables. Somos niños… y como tal actuamos como niños, pero a medida que avanza el tiempo nuestras expectativas o digamos, preferencias se van consolidando. Llegamos a la adolescencia y aunque no seamos seres maduros , sí que es cierto, que podemos saber qué es lo que nos gustaría tener en la vida o no tener. Y es curioso, como según la educación que hayamos recibido nuestras creencias acerca de la vida serán de un modo u otro, nuestros valores serán los que rijan y encaucen, en la mayoría de las veces, nuestros caminos.

Doy marcha atrás y quizá, para otras personas yo sea demasiado simple… Mis sueños han sido simples desde que era una niña, incluso una adolescente. Yo no soñaba con ser modelo ni nada parecido. Recuerdo que de mayor quería ser periodista… Nada de famosa, ni actriz ni nada de eso… Cuando fui convirtiéndome en una mujercita, por decirlo de alguna manera tenía algunos sueños… eran tres; escribir un relato y presentarlo a concurso, tener un ordenador portátil y un coche, concretamente un Ibiza. Desde fuera pudiera parecer absurdo… No eran sueños inalcanzables, no lo eran… Quizá otras amigas querían un apartamento en la playa o un novio estupendo pero yo quería eso… Era simple… Y recuerdo aquella vez que se estropeó el ordenador de mesa y una persona muy cercana se ofreció a arreglarlo. Durante el tiempo que no lo tuve me prestó su portátil Toshiba. Y cuando volví a recogerlo aún recuerdo cómo me decía… quédate con el portátil, es tuyo, ya tengo otros. En ese momento, miré a mi padre y me quedé perpleja… era algo así como si tuviera que esperar su aprobación y sobre todo viniendo de quién venía. Pero antes de eso, le dije que no… que no estaba bien porque era suyo el portátil. Y aún así siguió insistiendo. He de decir, que en ese momento… me sentí tremendamente afortunada. Tenía un portátil y estoy hablando de cuando tenía 18 años…

Tras esto… descubrí un concurso literario al que presentarme… Eso no requería demasiado esfuerzo puesto que parte de lo que escribí en ese relato era algo mío… “Esas dos palabras”. Ese era el título… A veces lo vuelvo a leer y me quedo impresionada de lo que se puede sacar entre líneas o de lo que puedo recordar de aquella época.

Después vino el momento de sacarme el carné de conducir… Todos los míos lo tenían y era adolescente, así que yo también lo quería. Aún recuerdo como estando en clase de alguna asignatura un tanto aburrida me ponía con los test de la autoescuela para así aprovechar el tiempo… Y con 19 años tenía mi carné de conducir, que no quería decir que supiera conducir. Son  dos cosas muy distintas… Cogía el coche y eso no era como en la autoescuela… Con el tiempo y pasados unos años alguien se ofreció a dar a mi padre un coche…  un Ibiza. Y ahí fue donde todos mis sueños de adolescentes se habían cumplido…

Pero comenzaban otros,  los de la madurez… Otros que no tenían nada que ver… Otros que a vista de los demás, siguen siendo igual de simples… Unos sueños que se resumen también en tres; conseguir un trabajo estable, viajar a Jerusalén y vivir en Leganés.

Son tres metas que, como digo, podían ser simples pero esta vez costarían más… Me parecían inalcanzables… En cierto modo, todo estaba encadenado… EL trabajo estable me daría independencia económica lo que derivaría en poderme ir a Leganés o viajar… El trabajo estable lo encontré y como digo siempre, mejor de lo que podía esperarme nunca… Pasado el año y sintiéndome realmente ya con estabilidad económica, me planteé la opción de realizar otro sueño  y era irme a Leganés…  Lo cierto es que nunca me he llegado a ir del todo de allí.

No es la zona… es la casa… Quizá no se pueda entender pero existen personas que dan significado a los lugares… a los hogares… Y yo soy una de esas personas. Desde fuera sólo es un piso pero desde dentro es mucho más que eso… Desde hace mucho tiempo he querido irme allí y no lo lograba porque no tenía posibilidades y siempre eran económicas. Ahora veo que puedo… y aunque lo haga sola y a veces, me sienta sola en todo esto,  será de nuevo volver al lugar del que nunca me hubiera gustado irme.

Además, he de reconocer que al ver el piso vacío, sin paredes, desnudo… algo se me revolvió por dentro… Muchos recuerdos olvidados que han vuelto a salir a la luz y creo que no sólo me debió pasar a mi porque ese piso tiene mucha historia detrás, no sólo yo le  doy significado… Es un piso que ha dado muchas vueltas y que en sus orígenes nadie se habría imaginado que yo, dentro de poco, podría estar allí viviendo. Primero, porque yo no existía y segundo,  porque cuando se compró su fin no fue el que acabó siendo. 

De una forma u otra, volveré a Leganés y deseaba hacerlo… era algo que deseaba desde hace muchos años… Y es simple… Es Leganés… Es tener un lugar donde poder vivir sin sentirse ahogada económicamente y un lugar estéticamente nuevo por dentro pero cargado de significado porque, por fin, podré decir “lo logré” pero no sólo con el piso… Sino también por sentirme afortunada por tener un trabajo que me da independencia económica como mujer y que eso ha hecho que vaya a cumplir un sueño que me parecía simple pero inalcanzable. Y tras esto… y dentro de un tiempo vendrá ese viaje a Jerusalén y será entonces cuando pueda decir, de nuevo, que mis sueños simples, se han vuelto a realizar.

Quizá sea porque las metas son alcanzables o llevaderas pero sí que es cierto, que cuestiones como el trabajo o la emancipación me parecían algo que yo jamás iba a tocar ni con la punta de los dedos… Habrá personas que logren sus objetivos más temprano, otros más tarde… pero considero que lo importante es sentirse satisfecho con el ritmo de vida que cada uno va llevando. 

Jamás hay que compararse con los demás y hay que tener claro, que cada uno somos de una forma, que cada uno tenemos unos gustos o intereses y que lo que, de verdad importa, es realizar esos sueños poquito a poco… Sin prisas y al ritmo que cada uno crea conveniente… Porque cada uno de nosotros es diferente al resto… 


jueves, 31 de diciembre de 2015

Un año para recordar!

Comenzaba el año… Aún lo recuerdo… Sin expectativas, sin ilusiones… Todo seguía igual. Todo el mundo celebraba ese cambio del 31 de diciembre del 2014 al 1 de Enero del 2015. ¿Qué más me daba a mí? Seguía con mis trabajos de promotora, aunque realmente eran los que menos hacía últimamente porque había ascendido a azafata. Sí, resultaba curioso… Los únicos trabajos que hacía eran de azafata de eventos y convenciones y aunque muchas personas de mi alrededor, me dijeran lo poco que valían esos trabajos… Yo los seguía haciendo con mi sonrisa en la cara porque en cierta manera, he de decir que disfrutaba del trato humano con mis compañeros y compañeras de dichos eventos. Eran trabajos. 

Cada viernes también repartía un periódico gratuito en la salida del metro de Bilbao y lo hacía encantada… Eran cosillas que iban saliendo pero miraba a mi alrededor y no era suficiente… Trabajos eventuales, temporales. 
No sabía si al día siguiente trabajaría o no… No sabía si vendría una chica más joven que hiciera lo mismo que yo por menos dinero… Yo lo hacía por el que fuera porque no sólo los más jóvenes lo hacen… yo también lo hacía. Y luego el entorno… ese maldito entorno que te empuja y que te dice lo que deberías estar haciendo porque es lo que corresponde a tu edad…

Pero nunca sabría que la vida puede dar  tantos cambios… Reconozco que no me lo esperaba. Reconozco que siempre he creído que los que tienen suerte son los demás y que a mí nunca me iba a pasar. Reconozco que pensé que iba a quedarme en un  pozo sin futuro alguno. Y que sólo los que saben o han pasado por esto, pueden entenderlo. 
Llegó mediados de Enero y todo cambió con aquella llamada. Una llamada que transformó mi mundo y mi visión de las cosas… Me daba miedo poder pensar que podía encontrar un trabajo… Un trabajo de verdad, un trabajo en el que tienes un horario, un trabajo al que debes acudir cada día y sobre todo, un trabajo donde las personas que están no son sólo personas… son mucho más que eso.

Y de repente, mi mundo cambió hasta yo misma he cambiado en ese mundo en el que me muevo ahora mismo. Al principio no me lo podía creer… pasaban los meses y ahí seguía. Tenía miedo de que sólo fuera temporal. Tenía mucho miedo… Tenía miedo de perderlo cuando llegó el verano por circunstancias que sucedieron. Pero pasó el verano  y los meses y aquí estoy, a 31 de diciembre del 2015 para entrar en un año distinto… Un año que espero que sea como este que he vivido.

He aprendido muchas cosas… He aprendido a ser paciente, a no perder los nervios, a disfrutar de los pequeños detalles, a valorar a las personas por lo que me ofrecen, a confiar en los demás, a ser consciente de que la vida hay que vivirla en el presente, a pensar con la cabeza, a rodearme sólo de personas de verdad y con un buen corazón. Y sobre todo he aprendido a quererme. He conocido a personas que son casi como una familia porque realmente hayan sido unas u otras, siempre he sabido de su existencia y ahora, tengo la suerte de estar con todos ellos.

También he aprendido a conocer un poco más a mi padre… A verle en otro entorno. Y cada día que pasa estoy más orgullosa de todo lo que puede llegar a hacer. De su colaboración en la Cruz Roja y en otros lugares.

Lo cierto, es que este año, la misma vida, me ha dado una lección a nivel humano. Una lección de valores y sobre todo, un año donde agradezco cada cosa buena que me ha dado… Agradezco que la vida misma te ponga límites para ser fuerte, para que, aunque te caigas, haya alguien que te pueda levantar. Y que cuando crees que nada bueno puede venir… De repente, aparece.

En definitiva, sólo puedo decir, que este año 2015 ha sido el mejor en mucho tiempo para mí. Lo empecé mal… Pero enseguida un sueño se hizo realidad… Y gracias a eso, podré dar más pequeños pasitos…  Porque mi vida sólo se basa en eso… En tener un trabajo, que encima supera todas mis expectativas porque es un lugar lleno de significado, en ganar un dinero que me permita irme a Leganés y que, siendo sincera, si todo sigue como hasta ahora, lo haré ya por fin, al año que viene, en rodearme de personas que me aporten cada día algo nuevo y de amigos y amigas que lo sean de corazón.  
En tener a mis padres ahí, porque son al final quienes siempre están, pase lo que pase y sea como sea. Son ellos siempre quienes de verdad se alegran cuando me suceden cosas buenas o se entristecen cuando sufro y porque son ellos quienes han vivido todo de primera mano.

No necesito más… No necesito valores materiales, no necesito más dinero, ni tampoco ponerme una careta… Sólo necesitaba ser feliz y ser como soy, con mis virtudes, con mis defectos, con mis carencias, con mis ilusiones… A fin de cuentas,  recuperar lo que un día fui. Y de repente, este año lo conseguí… De repente, no puedo borrar mi sonrisa al recordar todo lo que este año ha sido. Ya sea mejor o peor el año 2016, sólo puedo decir que este 2015 ha sido un año para recordar… Un año que no olvidaré jamás. Y una fecha de un 2 de Febrero que siempre quedará grabada en mí...


domingo, 9 de agosto de 2015

Todo esto te diría...

Parece que fue ayer… Parece que no ha pasado tanto tiempo pero lo cierto es que han sucedido tantas cosas… Me gustaría poder contártelas, me gustaría poder preguntarte…

Hace poco que fue tu cumpleaños y aún recuerdo que por aquellas fechas de mayo teníamos la sana costumbre de reunirnos en un lugar u otro. Pero eso no ha vuelto a suceder. En este tiempo he descubierto nuevas facetas de las personas que me rodeaban, no sé si, incluso tú lo sabrías. No sé si tú misma te hacías la tonta y sabías lo que estaba sucediendo. O quizá, es que te lo ocultaron. No lo sé… Pero pasado el tiempo, me da rabia haber dejado a esa mujer para que hablara sobre ti en aquella misa, una persona que no merecía hacerlo porque por aquel entonces sólo estaba fingiendo que todo iba bien y no era así…  Yo era desconocedora de todo aquello por aquel tiempo porque de haberlo sabido, las cosas no hubieran sido como resultaron.

Me gustaría poder contarte que mi vida ha ido evolucionando. Me gustaría poder decirte que poco a poco mis diversas esferas se van llenando, algunas más lentamente y otras con rapidez. Estabas interesada en temas de amor, lo recuerdo perfectamente, siempre me preguntabas. Últimamente, lo hacías mucho pero yo no te decía la verdad, yo apenas le daba importancia. Siempre te decía que tenía amigos porque realmente, prefería mantenerte alejada de mis temas amorosos por miedo siempre a tener que dar explicaciones después si la cosa no salía bien. Me resultaba más cómodo no mencionar la existencia de nadie a mi lado por lo que pudiera pasar. Con el tiempo, parece ser que esa misma persona que te oculté, decidió quedarse a mi lado. Y a día de hoy, puedo decir que lo sigue estando. Probablemente tú me preguntarías sobre el futuro y yo te contestaría con un “ni yo misma lo sé” porque hasta las relaciones más sólidas pueden desvanecerse en un segundo… Ahora ya no soy como antes… Ahora ya vivo el presente y no pienso en lo que será o dejará de ser. Cuando te han hecho daño en el pasado, ya actúas con más precaución.

Acerca del tema laboral, la verdad es que he ido haciendo de todo en este tiempo… He trabajado en lugares de diversa índole pero a día de hoy, estoy en un lugar que ni tú misma te creerías. Y cuando encuentras algo que supera todas tus expectativas… Eso es maravilloso. Aunque también tengo miedo de perder lo mejor que me ha dado la vida hasta ahora… Tengo miedo de perder algo que causaría un quebradero en mi futuro. Digamos que todo en esta vida está relacionado. Una cosa lleva a la otra. Lo estaba ya pensando para el año que viene... lo estaba meditando y estaba decidida y segura, hasta que de repente los cimientos de algo que podía ya sentirlo, se tambalean de nuevo. Siempre he dicho que no quiero pensar en el futuro porque la vida puede cambiar en cualquier momento y aunque no lo manifieste o diga, me da pánico poder volver a lo que tenía antes.

La familia ya no es lo que era… Esa casa en Esquivias me trae tantos recuerdos… Ahora la veo y siento pena. Se me parte el corazón ver que se cae, que ya no es lo que era. Es el paso del tiempo, eso dicen, pero lo cierto, es que creo a veces que es la desidia. Me da cierta tristeza pasar por allí y ver que ese lugar algún día será sólo un solar vallado. Ojalá yo pudiera hacer algo ahí… pero no tengo poder para ello.

Lo cierto es que todos hemos ido creciendo. Yo la primera, en este tiempo me he vuelto más desconfiada y me he llevado grandes sorpresas. He reflexionado acerca de tu vida, de lo que me han ido contando, de lo que sé y no digo… Y me planteo muchas cosas que ojalá pudiera preguntarte. Me da por pensar y pensar pero hoy, por no herir la sensibilidad de determinadas personas, es necesario callarse. Jamás he entendido porque existen ciertos temas con los que no se puede hablar con asiduidad pero tú a pesar del paso del tiempo decidiste enterrarlo. No lo logro entender y ahora no será el momento de indagar más, pero más adelante, si la vida me lo permite, lo haré.

En realidad, aunque diga todo esto, también tengo que decirte que te echo de menos… Echo de menos verte, que me dijeras “niña” cada vez que querías algo, que insistieras una y otra vez por saber cuándo podría ir a verte, que te quejaras de tus dolores, que quisieras vernos a Lydia y a mi juntas, que me preguntaras por cosas que yo desviaba… Echo de menos saber que estás en un lugar, ya fuera una casa o una residencia… Echo de menos que me dijeras que me querías y que a mi me costara tantísimo decir un “yo también”. Echo de menos en definitiva, tenerte aquí  porque tú eras  la única abuela que estaba  y que, en realidad siempre tuve porque esta vida no me permitió conocer realmente a nadie más.

Todo esto te diría si estuvieras aquí, todo esto y mucho más te contaría si no te hubieras ido… porque pronto son ya dos años los que no estarás aquí… Son dos años que han marcado y dado lugar a cambios a raíz de tu ausencia, para bien o para mal… Pero son dos años en los que no te he podido contar todo esto que aquí te cuento…


domingo, 28 de junio de 2015

Y son sólo esas personas las que se deben quedar...

Todos somos el resultado de las personas que han ido pasando por nuestra vida. Todos somos el producto de las experiencias que hemos vivido anteriormente. Y todo eso, haya sido bueno o malo nos sirve para crecer, para madurar y sobre todo, para tener más claro que es lo que podemos querer o no querer tener en un futuro.

Hay muchas veces que tenemos que ser conscientes de que la vida nos brinda la oportunidad de poder disfrutarla junto a personas, que a medida que vamos conociendo, se pueden integrar más o menos en nuestro círculo. Habrá algunas que se queden y otras que, simplemente, desaparezcan porque hay veces que la vida es caprichosa y por mucho que uno quiera, no se puede forzar a nadie a que no vuele a otro lugar.

Hay capítulos que se deben cerrar, hay personas que han formado parte de mi vida y que, por las circunstancias ya no deben estar… Ya no pueden estar… Forman parte del pasado. Y el pasado es eso… Pasado. El pasado no es más que un cúmulo de recuerdos que tenemos todos, recuerdos que, incluso, con el tiempo, los podemos tergiversar y lo que en un momento era de una manera, hoy puede ser de otra. El pasado hay que dejarlo donde está porque el pasado también puede, a veces, doler.  

Y a medida que vamos alejándonos de ese pasado, vamos cambiando… Vamos evolucionando. Los años y las nuevas personas que van apareciendo a nuestro alrededor nos moldean, nos transforman y nos enseñan, incluso, nuevas perspectivas de la vida. Una vida que a veces puede traer dolor, otras felicidad… Una vida que está cargada de sentimientos, de emociones, de sensaciones… Una vida que nos pone a prueba y que además, nos permite quedarnos con lo bueno  y dejar atrás a aquellas personas  que no voy a decir que fueran malas, porque en el fondo, seguro que no lo eran, pero que por determinadas actitudes y en ese preciso momento de la vida, no encajaban.

Existen personas que no han valorado lo que tenían…  Hay personas que piensan que las cosas podían ser para siempre… Y nada es eterno… Nada lo es. Ni siquiera las personas que en un momento de la vida nos pueden estar acompañando. Es quizá después, cuando esas personas  han perdido lo que tenían cuando se dan cuenta de ello… Y entonces es tarde, entonces ya no es lo mismo… Y pasa el tiempo… Y cada uno tiene su velocidad de vivir la vida. Cada uno tiene su forma de ser…  Nunca he pensado ni pienso que lo que tengo ahora pueda no perderlo en un futuro.  Nunca he pensado que los buenos momentos por lo que, ahora, estoy pasando puedan ser para siempre. Nunca he pensado tampoco que después de tanto tiempo, tenga que ponerme a reflexionar sobre ciertas cosas que tenía ya olvidadas.

La vida sigue… La vida hay que vivirla y aunque uno desee poder cambiar el pasado, las actitudes o los errores, hoy ya no se pueden cambiar. Todos hemos cometidos errores, yo la primera, pero soy consciente de ellos y eso me ha servido  para no repetirlo con nadie que me quiera, con nadie que me demuestre que está ahí. Esa es la gran diferencia. Porque los errores no se pueden cambiar con la misma persona con los que uno los ha cometido pero nos permite no caer de nuevo en aquellas cosas que un día nos hicieron daño. Sólo por eso, hoy cada uno es más consciente de lo que puede querer o no querer en su vida. Cada uno es libre de elegir qué camino tomar y sobre todo, cada uno tiene la posibilidad de tomar la decisión de cerrar capítulos que en el pasado hicieron daño y dieron lugar a situaciones que hoy deben quedarse en ese mismo pasado donde se sucedieron.

Y es por eso, por lo que la vida avanza… Para permitirnos valorar cada detalle y cada nueva persona que nos aporta un granito de felicidad. Y son sólo esas personas las que se deben quedar… Son sólo esas personas las que jamás se tienen que ir…


lunes, 2 de marzo de 2015

Ahora yo... Al otro lado...

Las circunstancias son las que, a veces, sin querer nos van cambiando… Los acontecimientos que ocurren a nuestro alrededor son los que manejan la evolución de nuestras vidas. Nos creemos, en la mayoría de los casos, que somos nosotros los que dirigimos el rumbo o elegimos, pero la realidad es que es la propia vida la que nos dice por dónde debemos caminar.

Hasta hace unos meses, he de decir que me sentía descolocada, perdida, a la deriva… Hace unos meses pensaba que nada iba a cambiar y que este año que entraba, nada iba a tener de especial. Seguiría durmiendo mal… Seguiría enojada conmigo misma y sobre todo, seguiría haciendo verdaderos esfuerzos por seguir por algún camino fuera como fuese…

Ahora, a día de hoy, han sucedido cambios en mí y en mi alrededor. Cambios donde la mayor protagonista soy yo… Cambios que creí que jamás iban a suceder… Cambios que me guían hacia una orientación correcta. Los miedos siguen existiendo, por supuesto. La incertidumbre sigue estando ahí y evito hablar del futuro porque, incluso ahora mismo, tengo miedo de saber lo que quiero y que no se cumpla… Sé lo que quiero… Lo tengo claro desde hace años y es ahora cuando lo puedo ver más cerca pero no quiero pensar en ello porque es el tiempo el que debe avanzar para evidenciar o no si valgo para seguir por el camino que la vida me ha brindado.

No se me olvida el pasado… No se me olvidan las horas interminables en la calle bajo un aterrador frío. No se me olvidan las humillaciones y las malas maneras de algunos lugares en los que he estado. No se me olvida el sueldo de tres euros y medio la hora. No se me olvidan las mentiras encubiertas que he tenido que decir para mantener un trabajo de comercial. No se me olvidan los lloros por la inutilidad creada en mi interior… No se me olvidan aquellas personas que están cerca y lo están pasando… No se me olvidan… Y aunque ahora mismo esté al otro lado, todavía se me llenan de lágrimas los ojos cuando veo a personas entregar curriculums rogando algún puesto de trabajo, sea el que sea. Aún siento esa angustia que me recorre el cuerpo por saber que, probablemente, a ese padre e hijo que van buscando trabajo no los reciban como personas. Todavía me emociono cuando ese padre e hijo me dan las gracias a mi por tratarles como seres humanos, por no despreciarles y por abrirles la puerta y hablarles… Porque en otros lugares no lo hacen… Quizá sea porque yo sí que he estado al otro lado. Y todavía tengo miedo de poder estarlo…

Algunas personas me han dicho que he cambiado… No lo creo… He cambiado con respecto a las preocupaciones, he cambiado con respecto a la seguridad en mi misma, he cambiado con respecto a la escala de prioridades… En eso sí que he cambiado. Sigo siendo la misma pero con más convicciones… Sigo siendo la misma que hace un mes… Sigo teniendo miedo de no pasar ese mes de prueba que me queda y volver de nuevo al lado en el que estaba. Tengo miedo de pensar que lo puedo pasar y que dentro de un tiempo podré lograr mi más ansiado sueño… Tengo miedo de pensarlo y que, como he dicho antes, no suceda.

Quizá, piense todo esto porque la vida es la que nos va orientando, es la que nos guía e incluso aquel que está arriba y al que acudo cuando me siento realmente desesperada me haya dado un empujón para recordarme lo que puedo llegar a valer.  

Pero de una forma u otra, valoro lo que la vida me está brindando que para mí es un sueño hecho realidad. Valoro poder decir que tengo algo… Que puedo levantarme cada mañana con la idea de tener que realizar una labor, con la idea de que no será sólo una campaña eventual, sino todos los días de lunes a viernes… Valoro cada momento y cada situación nueva en la que me tengo que desenvolver. Valoro la oportunidad que tengo y que de seguir así, sería el objetivo de mi vida… No necesito otra cosa… No necesito avanzar laboralmente como otras personas… Sólo necesitaba un trabajo en un lugar, en el que además, tienen un valor sentimental para mí. Un lugar donde si me dijeran que podría pasar el resto de mis días allí en ese mismo puesto de trabajo, lo haría encantada. Porque he pasado por tantas cosas… He pasado por tantos lugares y he experimentado tantas situaciones que, gracias a ellos, sé hoy en día valorar lo que tengo y puedo llegar a tener.  Porque sólo las personas que hemos estado en el otro lado sabemos lo que significa tener algo… Sólo los que seguimos recordando nuestros orígenes y esfuerzos, sabemos lo que supone un cambio. Da igual el sueldo… Da igual el horario… Lo importante es poder valorar cada instante nuevo que la vida me está brindando…


Porque ahora yo… estoy al otro lado pero gracias a haber experimentado trabajos de otro tipo, hoy puedo saber valorar más ciertas cosas que otras personas… Y porque el dinero no da la felicidad… Lo que lo da es la autoestima, la certeza, la seguridad, la utilidad y la confianza en uno mismo y en su futuro... Es decir, todo se resume en estabilidad mental.. Y vital...