sábado, 21 de marzo de 2020

Si la vida me lo permite


Cuántas veces hemos pensado en el día de mañana? En las cosas que tenemos pendientes? En los amigos que hace tanto tiempo que no vemos? Nos agobiamos, nos ponemos metas, nos genera en algunos casos angustia porque no damos más de sí… e incluso, todo eso acaba pasando factura. 
Nos volvemos menos emocionales, más inmediatos porque es lo mejor, porque así somos como el resto… Porque no está bien destacar en aquellas esferas en las que uno puede demostrar vulnerabilidad. Uno tiene que aparentar ser fuerte y decidido aunque por dentro sea todo lo contrario.


Y de repente, llega un día en el que todo eso ya no cobra importancia, en el que tenemos tiempo para todo, para aburrirnos, para hablar con los nuestros y lo peor de todo… para pensar. Sí, para pensar porque creo realmente que la sociedad de hoy nos ha quitado la posibilidad de pensar y ahora es cuando, podemos reflexionar un poco sobre qué es lo que uno quiere o no quiere. 
Ahora es cuando, en mi caso, puedo contestar a la pregunta de sí he sido o soy feliz en la vida. Ahora, puedo entender más claramente muchas cosas que antes no lograba vislumbrar.


Mentiría si dijera que no tengo miedo… miedo a no poder volver a sonreír a los míos, a dar un beso o un abrazo, miedo a no reírme ante un chiste malo, miedo a no tomarme un café y quemarme en el primer sorbo, miedo a no leer un libro de  Elsa Punset,  Jorge Bucay o Albert Espinosa, miedo de no cenar en Vips, Foster o Ginos, miedo a no ver mi película de “La vida es bella” , miedo de no recuperar mis costumbres… pero también tengo miedo a no tener la posibilidad de equivocarme de nuevo, de cometer nuevos errores con personas, de perdonar y de pedir perdón. Miedo a no conocer a nuevas amistades que aparecerán en mi vida, a discutir con aquellos que ya están, a dar cabida a la incertidumbre de no saber en ocasiones qué hacer con mi vida. Miedo a no volver a sentir el amor, el desamor y el odio, de no intentar, de no darme por vencida, de sentir rabia, obsesión o falta de decisión. 
Miedo, al fin y al cabo, de no poder seguir viviendo y no cumplir más años.


Y podría confesar que en muchos momentos de mi vida he sentido ese miedo que te paraliza, que te derrumba. Todos lo hemos experimentado, lo hemos sentido, ya sea por el miedo a perder a un ser querido, a un amor, a un amigo e incluso a un desamor en algún que otro caso. Pero todos, absolutamente todos, sabemos lo que es. Y precisamente por eso, intento que las propias emociones no puedan conmigo y con los míos. 

Intentas ser racional, no dejarte llevar por esas asquerosas emociones que muchas veces me gustaría eliminar pero por mucho que lo intente, da igual porque no lo consigo. Cuántas veces hemos aparentado algo que no somos? Interpretamos un papel para que parezca que somos más fuertes de lo que realmente somos para luego cada uno en nuestras casas mostrarnos de verdad. Abatidos, decaídos, con la incertidumbre de no saber si habrá un día de mañana, con el miedo de que nos toque y rogando que salgamos de esto…


Y también es en situaciones límite cuando aprecias y valoras a los que son humildes, a los que dan y están, a los que tienen el mismo miedo que yo y lo comparten y entienden, a los que están día tras día y te devuelven la moral. Pero de la misma manera, también he visto como el egoísmo de algunos sale a la luz. He visto que algunos seres humanos hacen lo que sea para sobrevivir y se comportan como animales salvajes dejando de lado la empatía y sintiendo vergüenza de que hayan formado parte de mi círculo más cercano. Eso también lo he visto… Una vez más, como dijo Hobbes… El hombre es un lobo para el hombre.


Y es que ante esta situación, no podemos dejar de parar de pensar en todo aquello que hemos hecho o dejado de hacer pero lo que está claro, es que sí que hay que pensar en todo aquello que queremos hacer… porque si a día de hoy me preguntaran si he sido feliz y he vivido de verdad… Mi respuesta sería rotunda. Un sí. He vivido tal y como he querido siempre… que ha sido de forma intensa, equivocándome muchísimas veces pero no quedándome con la duda de que hubiera pasado, he hecho siempre todo aquello que me apetecía y emocionalmente he sido muy visceral. Me he derrumbado y me he estampado sin frenos ante una pared pero es que a eso, realmente, se le llama vivir. 


Y quiero que los míos lo puedan ver y yo seguir, si la vida me lo permite, haciéndolo.


domingo, 2 de diciembre de 2018

Quiero creer que es crecer...


A punto de acabar el año… en unos pocos días este año pasará como otros tantos de atrás pero sólo nos acordaremos de aquello que nos sucedió y nos marcó para bien o para mal. El año ha sido largo… o no… ha tenido sus 365 días con sus 24 horas cada día pero en él han pasado muchas cosas, muchas vivencias y sobre todo muchos cambios en mí. 

Hay personas que me dicen una y otra vez que no me reconocen, que ya no queda nada de aquella chica no sólo de principios de este año, sino ya desde el año pasado y a medida que va pasando el tiempo, me lo recalcan aún más. Y no… no es que haya cambiado… es que he crecido y me han lastimado tanto que he decidido, quizá, perder la inocencia por voluntad propia. 

Sigo siendo la misma pero este año, sobre todo, he vivido muchas conversaciones que me han abierto los ojos y me han hecho cambiar, me he llevado muchas decepciones de personas muy cercanas pero no una… muchas veces, me han abierto heridas que ya estaban cerradas y enterradas… y han vuelto a sangrar. He tenido mucho miedo también, unas veces, porque me lo han hecho sentir y otras porque no había más remedio.

Me han mentido, al principio pensando que era sin querer, pero después he comprobado que era queriendo porque total… siempre perdono, hagan lo que me hagan y se comporten como quieran… he podido aparentar que no sabía nada algunas veces para ver hasta dónde podía llegar la mentira y he quedado realmente sorprendida de hasta dónde puede llegar el ser humano para conseguir determinadas cosas o para hacernos creer cosas que no son e incluso pensar que era ciertas. El fin no justifica los medios… no lo hace… y me indigna ese comportamiento de algunas de las personas que han compartido mi espacio y lo que es peor, mi tiempo.

He pensado en lo que quiero y en lo que no quiero pese a quién le pese y le guste o no a quién sea. También me he quemado por no pensar las cosas y no escuchar a mi cabeza. He podido aprender de cada situación que se me ha ido de las manos, de cada discusión incoherente… de cada palabra inadecuada o ataque verbal a veces desmedido. Me he dejado llevar otras veces por las emociones bajando la guardia de mi coraza. He intentado hacerme la fuerte pero ha durado tanto como mis intenciones ante algo cuando no estoy segura y al final, me he vuelto a desplomar porque cuesta bastante aparentar algo que no sientes. He exprimido al máximo esa capacidad que tengo de hacer ingeniería emocional pero nada es eterno y todos, somos débiles y a veces nos derrumbamos… y lloramos.

Lo cierto, es que este año han pasado muchas cosas… que me han hecho convertirme en lo que hoy soy. He conocido a muchas personas que han aumentado mi círculo social pero también he desconocido a personas que creía que iban a estar ahí… y que creía conocer. He recuperado a amigos que son un pilar para mi y sigo manteniendo a otros que no me fallan aún teniendo que lidiar con los problemas de su propia vida. Cada día que pasa voy siendo menos la de ayer y más la de hoy. 

Siempre digo es crecer… nadie se puede quedar estancado en el camino de la vida. Hay que darse cuenta de lo realmente importante y disfrutar y ser conocedores de lo que queremos… Y es por eso, por lo que quizá, yo también he cambiado. Además, la vida a veces es tan sabia que te manda experiencias que duelen tanto que te hacen remover todo el pasado o tu propia vida para ser consciente de que, a veces cuando las oportunidades se superan son lecciones que nos tienen que abrir los ojos y más aún cuando se trata de temas de salud.

No espero nada del próximo año pero sí que quiero que éste termine pronto… que se vaya… que no vuelva… que las cosas malas han ganado a las buenas y que no ha sido un buen año aunque la mayoría de las veces sonría y parezca que no tengo nada de lo que preocuparme. Aunque parezca que paso de todo, que nada me importa y que no necesito a nadie porque yo solita puedo con todo… pero no es así… no lo es… y el problema de mi cambio es que el año pasado perdí el miedo, ahora también la inocencia y no quiero perder más valores por el camino en este año nuevo que está a punto de comenzar…  

Quiero creer que es crecer y no pensar que es la sociedad la que te obliga a cambiar… Eso quiero creer…


jueves, 6 de septiembre de 2018

Y es que confieso que yo ya lo he perdido...


No sé si serán los años o las situaciones a las que tenemos que enfrentarnos… No sé si serán las emociones o los acontecimientos inesperados que se nos presentan o quizá sea un cúmulo de todo ello, los que hacen que la forma de ser o incluso, la propia vida y la forma de verla, cambien drásticamente.


Seguimos siendo las mismas personas pero con un concepto diferente sobre lo que queremos o no queremos. La esencia es la misma, el contenido también pero las apariencias ya no lo son. Todos evolucionamos, absolutamente todos y quien no lo hace, corre el riesgo de estancarse y quedarse atrás. El tiempo pasa… la vida y los diversos episodios que conforman los diferentes capítulos por lo que vamos caminando… Nadie es el mismo hoy que ayer, ni mañana… todos los días aprendemos algo nuevo, algo que nos marcará o que simplemente, nos hará pensar. La peor manera de malgastar la vida es simplemente estando… dejando pasar los días esperando a que la vida venga… y eso es un tremendo error. 


Pero todo esto uno lo aprende cuando ha experimentado situaciones que te cambian por completo… situaciones que te recuerdan que estás vivo. Situaciones que te golpean tan fuerte que te descolocan todos los cimientos que creías tener y es entonces cuando, al estar abajo vuelves con más fuerza a escalar con la ayuda de los más cercanos. Una vez que has convivido y has visto experiencias que desearías no haber visto es entonces cuando pierdes el miedo… y eso significa no tener temor ya a nada. Porque a fin de cuentas, el miedo es el que siempre nos paraliza. Nos da miedo esto… lo otro… y es que el miedo nos hace perder tremendas y extraordinarias oportunidades. El miedo es nuestro mayor enemigo… es el que nos paraliza y nos hace pensar demasiado e incluso, malgastar a veces, el tiempo. Y es que no estamos aquí para perder el tiempo o bueno sí… estamos para perder el tiempo en lo que nos llena y en quien nos aporta pero siempre hay que hacerlo sin miedo.


Desde mayo del año pasado puedo decir que he cambiado… ya no tengo nada que ver con lo que era, con lo que creía que era o con lo que pensaba que podía ser. La vida te enseña que no se para... Para nadie,  que sigue a pesar de las circunstancias y que avanza de una forma que sino corres tras ella, te come… Y la vida no te puede comer… es uno mismo el que se tiene que comer el mundo. Habrá días que uno no se coma ni una cuarta parte de ese mundo… pero no hay que dejar de intentarlo. Que si uno se cae… se vuelve a levantar. Que si uno tiene un día malo… da igual, el día siguiente será mejor. Que si uno pierde algo por el camino… si merece la pena, ya volverá y sino lo hace es porque no merecía tanto la pena. Que si uno se decepciona por algo… ya vendrán momentos mejores que nos saquen una sonrisa. Que si uno se siente traicionado… no hay que dejarse llevar por la venganza puesto que los emociones hay que saber controlarlas. Que si uno tiene miedo por una situación nueva… es porque está en el camino correcto y ya habrá tiempo para sentirse seguro.


En esta vida todo son decisiones y hay que saber qué actitud tomar. Hay veces que es difícil lidiar con la propia vida porque son muchas cosas las que nos pueden estar pasando a la vez y son pocas las personas que son capaces de estar ahí, de escucharnos y de llorar a nuestro lado. Hay veces que nos sentimos perdidos… cuantas veces me he sentido yo así este último año…  pero a pesar de eso… el esfuerzo por volver a encontrar el camino y el aprendizaje de que soy más fuerte de lo que creía ser, la metamorfosis que he vivido y la forma de pensar que hoy tengo… sólo por eso, ha merecido la pena. Y quizá me pierda más veces, porque nadie está a salvo. Pero a pesar de eso, sé que me podré volver a encontrar porque la actitud es lo que hace que uno encuentre de nuevo la luz. 


En definitiva, me he conocido más a mi misma en estos últimos meses… he crecido personalmente, me he convertido en cómplice de muchas de las personas de mi alrededor, he aprendido tras ensayo y error, he tropezado y caído, he escuchado y observado, me he odiado a veces por no tener el valor de perder el miedo, me he levantado con la idea de animar y tirar de algunas personas que tenían más miedo que yo… he intentado recuperar mi inocencia pero me ha sido muy complicado, he cambiado mi dulzura por la transparencia, he dejado de lado las apariencias y me he centrado más en el interior y en los valores, es decir, en la parte humana, he ignorado los daños o las intenciones de maldad de algunas personas cercanas, he mejorado mi actitud ante la vida y lo más importante, me he concedido el tiempo de conocerme más a mi misma y de estar para los que de verdad quieren que esté. Porque a fin de cuentas todo se puede resumir en una frase que alguien muy cercano me dice siempre y que no es más que… el valiente es valiente hasta que el cobarde deja de serlo…


Y es que todo, absolutamente todo, nos cambia por dentro y con el tiempo también por fuera, pero también hay que saber cómo cambiar y en qué dirección para no perder el rumbo por los innumerables acontecimientos que nos pueden estar sucediendo… aunque también he de decir que de las mayores pérdidas de ruta también se encuentran otras direcciones que se pueden transitar puesto que lo único que se necesita es tener valor para hacerlo… y claro está, haber perdido el miedo para poder hacerlo y es que yo confieso que ya lo he perdido…